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El silencio de los fusiles: El otro rostro de la esperanza

Más allá de ser una concreta indagación al tejido de logros, secretos y percances durante el proceso de paz hasta su resolución, el documental El silencio de los fusiles de la periodista Natalia Orozco es un digno homenaje a las víctimas de ambos bandos en la guerra, aquellas voces olvidadas por la indiferencia del ciudadano polarizado, gracias a ciertos medios o autoproclamadas “voces del pueblo” que distorsionan los acontecimientos y además se aprovechan de la tragedia, en beneficio de unos pocos entre los bastidores del conflicto.

Esta fascinante crónica pretende ser un llamado a la conciliación, al perdón, pero sin sacrificar la mirada veraz al exponer los sucesos, datos y diálogos con cada uno de los involucrados. Nos ofrece aparte del panorama social y político, un acercamiento más sincero y humano a estas personas, que generalmente solo conocemos mediante artículos en diarios u otros portales de intenciones variopintas. Los contemplamos aceptando tanto sus errores como aciertos, y esperando obtener una mayor comprensión o aprendizaje en esta nueva etapa de la –siempre cambiante- historia del país.

Evita la manipulación y no impone, a pesar de la tentación de inclinar la balanza o directamente atacar alguna posición ideológica. Da los hechos y depende del espectador formar una visión global, lo que debería hacer el buen documental. Cada elemento a tratar posee su tiempo justo en pantalla. Ofrece ideas que le dan mayor sustancia a una presentación convencional, más no complaciente. En otras palabras, un guion sólido que jamás se desvía de su objetivo, mientras hace gala de un lenguaje cuidado y cautivador, sobretodo de parcial intimidad. Hago énfasis y es de agradecer su compromiso, sin recaer en la burda propaganda.

Cuatro años de trabajo se ven reflejados en la lente prodigiosa de Orozco cuando filma gestos, incluso sensaciones, por encima de las estremecedoras imágenes de archivo y unas entrevistas donde quizás puedas captar algo entrelineas. Nunca sabremos con certeza las reales intenciones en los entrevistados, desde los ex guerrilleros al actual presidente, pero desvelan de forma convincente sus posiciones y perspectivas; verás cual decides tomar. Una obra completa confronta, es contundente; permite una crucial introspección como génesis hacia la renovación, y esta lo es.

Sin embargo dadas las recientes condiciones de la opinión pública y el pensamiento condicionado de una nación aún convulsa, pese a la ausencia de las armas, esta obra no será bien recibida por muchos. Aun así les puedo asegurar una experiencia honesta y franca, en exuberantes matices. Sobresale del mero recuento del proceso de paz y muestra el acontecer humano en sus diáfanas dimensiones; las incertidumbres y ambigüedades, como también las virtudes inherentes del ser en medio del fragor de la barbarie.

Es realmente necesaria ante un entorno de exacerbado nacionalismo efímero y malicioso que vende falacias, e impide ver la esperanza de una reconstrucción como individuos y seres sociales. Es posible escapar del autoengaño en otra mirada; guste o no, al menos será resultado de un razonamiento propio, en oposición a las restricciones de una maquinaria moralina, que insiste en prolongar un sangriento pasado y cuyos irresponsables siervos fustigan desde las tarimas públicas o las redes sociales.

Sobra cualquier otro argumento, tan solo quiero concluir diciendo que es el momento, y si están dispuestos a la alternativa, alcen la voz a conciencia; que el único silencio sea el de los fusiles.

 

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