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Duván López, aprendiz eterno

*Contenido por Alejandra Sierra @aalejasierra

Monotemático, disciplinado y rutinario, estos son algunos de los adjetivos que Duván López -el pintor, escultor y poeta quindiano- utiliza para definirse.

 

Su vocación de artista sigue tan viva como cuando era tan solo un niño de seis años en Quimbaya, Quindío, y soñaba con ser pintor. El sueño se cumplió. Hoy, el maestro Duván, un hombre por esencia sencillo, cordial y simpático, da cuenta de cómo su obra ha circulado en países como Panamá, Estados Unidos, España, Francia, Perú y Corea. El reconocimiento que actualmente tiene es el resultado a un proceso de compromiso y lealtad con él mismo y con su obra, que emprendió hace más de 40 años con osadía, tesón y pasión.

[su_quote]Toda la vida he tenido que ser osado para recorrer el camino que he recorrido, y nunca he hecho realmente nada más [/su_quote]

 

Han pasado algunos años desde su primera exposición en el colegio Policarpa de Quimbaya, en el que dictaba clases de geografía de Colombia, ciencias naturales y educación física. Después de esto, rompió con el comportamiento tradicional de lo que suponía debía ser y hacer y decidió apostarlo todo por eso que movía su alma: la pintura. Fue así como poco a poco, empezó a ganarse espacios de circulación en diferentes instituciones y entidades de la capital quindiana, como la Cámara de Comercio, Banco de la República y un Salón de Artistas.

 

Se declara un hombre afortunado. En esa búsqueda, en ese deseo de destacar y ser alguien en un mundo en el que para pocos el arte va más allá de un oficio o un pasatiempo, ha encontrado en el camino -que no ha sido fácil- personas que valoran y respaldan su quehacer sin minimizar la importancia de su labor en la gestión cultural. Por eso sabe que el trabajo en equipo es un pilar importante, y a través de colectivos y redes de apoyo logró impulsarse, pero a pulso y siendo por encima de todas las cosas, fiel a sí mismo, se ha consolidado como un artista auténtico.

 

Hace 30 años su obra empezó a circular en ciudades como New York, París y Ciudad de Panamá, y aunque no recuerda con exactitud el momento en el que empezó a ser reconocido en el circuito internacional, concede el mérito a su constancia, a su fe en el trabajo, esa que siempre le hizo sentir que merecía mostrarse.  «Donde había un roto, ahí estaba yo», afirma el maestro Duván mientras hace referencia a esas pequeñas oportunidades que abrieron grandes puertas.

 

La libertad

Duván López, un artista no puede estar solo, necesita siempre un sustrato social que crea en su trabajo, que apueste por él, lo aprecie y quiera adquirirlo, pues nadie dice que no es fácil vivir de algo tan ‘hipotético’ como un cuadro o una escultura. De allí que exprese que esta profesión no tenga ningún sentido si no hay vocación, pues su carencia obliga fácilmente a la renuncia.

Sin duda el mayor reto es convencerse a sí mismo y convencer a los demás de que lo que se está haciendo es bueno, y a partir de esta certeza, trazar una ruta de libertad en donde es válido romper con el comportamiento tradicional y tener la posibilidad de experimentar para ver lo que otros, por estar en escenarios diferentes no se permiten ver.

Para él, una vez se experimenta esta libertad, se va hasta donde haya que ir por no perderla. Nunca ha planteado en su vida algo distinto a ser artista, pues su alma no se lo permitiría. Tiene la convicción de que está ocupando su lugar en el mundo.

 

Mantenerse vigente

Es un fiel convencido de que su profesión va más allá de la producción de ‘cosas bellas’ pues para él el arte debe generar pensamiento y cuestionar el qué, por y para qué de Dios, la vida, la muerte, el amor, el infinito.  La importancia de una idea, sustentada en los procesos honrados, en el carácter y también en la formación literaria, filosófica, humana y social.

Su tarea ha sido encontrar un lenguaje que permita decir lo que se quiere decir y lograr ser entendido, sin necesidad de hallar o repetir fórmulas.  Reconoce que su obra es actual, porque siempre está buscando respuestas y porque tiene la maravillosa posibilidad de recorrer el mundo y de permanecer en contacto con los principales centros productores de información.

 

 

Evitar acostumbrarse

Solo con el paso de los años y la experiencia ganada, el orgullo se manifiesta y permite decidir qué se quiere y qué no se quiere hacer como artista. Y es que en ese afán desmesurado de encajar y querer ganar un espacio o un reconocimiento fuera del país, se hacen cosas que no son del todo satisfactorias, y este es quizás uno de los errores más comunes que cometen los artistas.

Hoy, gracias a su fidelidad a sí mismo, el maestro Duván cuenta con galerías y con un equipo de profesionales que trabajan a su lado porque validan y creen que su trabajo es importante, dándose el lujo de decir que en su caso el cliente no tiene la razón… «Yo no pinto lo que vendo, yo vendo lo que pinto», afirma.

 

Muestren, muestren y muestren

Es el consejo que comparte con los artistas del Eje Cafetero. «Como artista hay que mostrarse y foguearse» pues tan solo así se puede despertar el interés de la gente, ganar un poco de reconocimiento y obtener credibilidad.

Credibilidad que está fundamentada en el trabajo duro y constante, porque en el proceso del arte las personas que sacan el dinero para comprar un cuadro tienen que estar seguras y convencidas de que la obra que adquieren vale la pena y eso solo lo da el trabajo, por eso su mayor consejo es dejar a un lado los imaginarios que los artistas no tienen ningún tipo de obligación y ratificar las palabras y el manifiesto de Vincent van Gogh: «Un pintor debe trabajar tan duro como un zapatero».

Viajar, leer, conocer y salir de la zona de confort, trabajar día y noche porque la pintura no se hace conversando, la pintura se hace pintando.

Finalmente, el maestro de maestros, después de echar la mirada hacía atrás, volver al presente y mirar al futuro, solo puede agradecer a la vida por permitirle siempre vivir de la pintura. El anhelo, es siempre poder transmitir con sus obras, poder impactar con ellas y continuar siendo en esta vida un aprendiz eterno.

 

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