Viaje al fondo del folclore

Carolina Valencia y Ricardo Ramírez, los integrantes de La Soundklórica se encuentran  terminando  de grabar su primer álbum,  8 canciones derivadas de un auténtico viaje por los sonidos del Atlántico y del Pacífico.

 

Por: Maritza Palma Lozano / Plan C Pereira

 

 

A ritmo de tambora tambora

 

                A las orillas de ese mar interminable que rodea a Ciénaga Magdalena, Carolina toca el clarinete y Ricardo el saxofón, acompañados de un grupo que interpreta gaitas y flautas de millo. Se encuentran en pleno Festival Nacional del Caimán, a punto de terminar un viaje de un mes que los ha traído por tierras de Sincelejo, Ovejas (Sucre) y Cartagena, antes de terminar en Palomino y quedar con el corazón hinchado de ganas por seguir grabando su propuesta musical de folclore urbano.

 

                Se trata del viaje que en  2018 emprendieron Carolina Valencia y Ricardo Ramírez, los integrantes de La Soundklórica, quienes en una búsqueda por visibilizar y rescatar las músicas tradicionales colombianas visitaron el Atlántico y el  Pacífico del país, con el fin de adelantar lo que ellos llaman “una validación de conceptos”, es decir, la aprobación de algunos precursores y personas que llevan en su sangre las raíces de los ritmos folclóricos y populares del país.

 

                 A estas alturas La Soundklórica ya tenía su primer sencillo llamado Pajarito, a ritmo de tambora tambora, y en uno de esos caminos que riñen entre el calor y la brisa los músicos tuvieron la posibilidad de encontrarse con la cantaora Martina Camargo y compartirle su composición. Martina es conocida nada más y nada menos como la “reina de la tambora” por configurarse como una representante a nivel internacional del ritmo de tambora tambora, originado en  San Martín de Loba, a orillas del río Magdalena.

 

 

Donde nace el ritmo, nace el amor

 

 

                   Ricardo nació en Bogotá pero se considera pereirano, se formó como saxofonista en La Habana, Cuba, donde irónicamente empezó su interés por el folclore colombiano y especialmente por la percusión.

 

                  Carolina, por su parte, desde muy pequeña se acostumbró a escuchar a Lucho Bermúdez en los vinilos de su papá, y de paso composiciones clásicas donde aprendió a reconocer el sonido del instrumento en el que se formaría años después: el clarinete.

 

                 Cuando Carolina estaba en la universidad y ya hacía parte de la Banda Sinfónica de Pereira, justamente como clarinetista, se cruzó con Ricardo. Ella ya lo había escuchado tocar gaita y saxofón barítono, y le parecía que tocaba muy sabroso; así que no perdió oportunidad para decirle:

 

―Oye ¿tú tocas gaita?, yo soy Carolina y toco clarinete, ¿cuándo nos vamos a sentar a estudiar folclore?

 

―Mañana mismo si quieres― respondió Ricardo.

 

              “Y llevamos 7 años estudiando”, afirma ella, entre risas. Desde ese momento, más que iniciar una aventura por las aguas del folclore, inició también un amor y un proyecto musical.

 

 

“Por si mañana me muero”

 

 

                  Así, le canta Carolina a Ricardo, al son de un porro chocoano, para decirle que canta con el corazón y le pide a la vida bendita que lo cuide por siempre.

 

               En la primera cita Carolina todavía no sabía que Ricardo tenía una discapacidad visual.

 

― Ey, llevo media hora voleándote la mano. ¿Te estás haciendo el bobo o qué? ―Le había dicho Carolina, antes de que Ricardo le contara detalles.

 

               Desde ahí, dice Carolina “me puse la camiseta de aprender cómo es convivir con una persona de una condición diferente”.

 

               En un primer momento recibió comentarios de la gente que le reprochaba que ella cómo se iba a juntar con una persona con una discapacidad. Frente a lo cual respondió: “eso no es nada, Richi tiene 50 mil cosas de las cuales me pego y quiero coger su mano y caminar con él”.

 

                  Además, como relata Ricardo, Carolina ya tenía conocimientos e interés por la lengua de señas. Lo que fue llevando a que la propuesta de La Soundklórica se gestara como un proyecto inclusivo que desde la música y la puesta en escena se piensa para “las personas que han sido excluidos históricamente, no solo por discapacidad sino por género, por creencia, por raza, por color”, según aclara Ricardo.

 

                  Por eso los beats que componen la mezcla sintetizada de sus canciones, tienen unos subbajos especiales que la comunidad sorda puede sentir, además en todas sus presentaciones incluyen a un intérprete de lengua de señas, labor que actualmente realiza Alexander Giraldo, quien señala que participar de este proyecto “ha sido muy armonioso,  todo está basado en la conexión con la música y con los demás, especialmente con la comunidad sorda”, a lo que agrega  Ricardo “la inclusión siempre va, no es lujo ni capricho, es necesidad”.

 

                     Están terminando de grabar su primer álbum compuesto por las 8 canciones que quedaron de ese viaje sonoro al fondo del folclore. Dos adaptaciones: Aurora –  porro chocoano – y Danza en tono menor – tradicional del Pacífico,  y seis de su autoría: La jeva y Por si mañana me muero -porro chocoano-, Pajarito -a son de tambora tambora-, Tus besos -chalupa urbana-, La singona -gaita- y Juanita Gómez -chandé-.  Tanto los sonidos del  Pacífico como del Atlántico están representados con el mismo número de composiciones. Ya han publicado la mitad a modo de sencillos y abrebocas a lo que se viene.  

 

                   Y  en medio de viajes, estudios de grabación y conciertos, se les ve aún cogidos de la mano  por las calles de Pereira. Ella usa una larga falda de flores y una banda de la misma pinta que rodea su cabeza mientras él camina dejándose llevar por Conga, su perra guía.

 

 

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