La molécula de Dios… camino al infierno

La molécula de Dios

Así se le conoce a una sustancia alucinógena que tiene visos científicos y ancestrales. 

Por: Dayana A. Arboleda Agudelo/ Kalima.inc

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@dayana_arboleda

 

Hay una sustancia alucinógena que se ha hecho famosa por su apodo: “La molécula de Dios”. Se trata de la dimetiltriptamina (DMT) y sus componentes están no solo en químicos o procesados, también en frutas comunes como la maracuyá. Su historia tiene visos científicos y ancestrales, desde un psiquiatra húngaro que un día ensayó inyectándose, hasta sus usos espirituales en el Amazonas.

Bajo la influencia del DMT, “el mundo parece un laberinto árabe, un palacio, una más que posible joya marciana”. Así lo describió alguna vez el escritor Terrence McKenna, y añadía que inundaba la mente abierta “con asombro complejo y sin palabras”. Y es que nuestro cuerpo es capaz de producirla bajo estímulos como la meditación. Es un compuesto endógeno alucinógeno que altera dramáticamente la percepción y la conciencia, acelera las sensaciones, aumenta la introspección y el estado de ánimo positivo.

Aunque está presente en la naturaleza, también se ha desarrollado como un componente sintético. Hay quienes la consumen vía oral o intravenosa.


Al tercer blunt 

Primero tomó jugo de maracuyá. Su novio le había dicho que así empezaba la estimulación. Uno, dos, tres blunt (aspirar con una pipa pequeña) después, Camila* empezó a sudar de manera desmedida y le dio taquicardia. Las alucinaciones duraron siete minutos.

“Fue como llegar a un bosque, con una fuente de agua y un montón de mujeres y de hombres fumando marihuana que me invitaban a entrar. Solo vi un rostro conocido. Todos eran figuras negras, pero los delineaban colores muy vibrantes; el aura se veía verde fluorescente y el agua, con destellos rosados. Había mucha música, era el ritual de una tribu”, narra la joven de 20 años, quien quiso probar porque según su pareja, eso le había cambiado la vida.
 

Si la sustancia se fuma, los efectos duran entre cinco y 15 minutos. Según el farmacólogo Juan Manuel Vélez Agudelo, que el DMT sea dañino o no, “al final depende de la cantidad a la que se exponga el organismo”. Añade que cada persona es diferente y las respuestas fisiológicas están supeditadas a la preparación psicológica y corporal. Se ha demostrado que una persona con una disposición anticipada, tendrá más alucinaciones que alguien que no sabe a qué se enfrenta.

De acuerdo con el investigador Steven A. Barker, el DMT fue sintetizado por primera vez en 1931, pero fue hasta 1956 cuando se descubrieron sus propiedades alucinógenas por un proceso en el cual el químico y psiquiatra húngaro Stephen Szara se aplicó el extracto por vía intramuscular.

Sin embargo, la DMT ya se consumía hace cientos de años atrás en el Amazonas. A diferencia de Stephen Szara, los jefes de las tribus (taitas) tomaban un brebaje conocido como el yagé o ayahuasca. En dicha cultura, representaba alcanzar un conocimiento superior y tener revelaciones que los demás integrantes del grupo no podrían soportar. Quienes lo han consumido, dicen que es una revelación del bajo astral y del tercer ojo, idea mística de que el cuerpo puede ver otras realidades.

Desde la ciencia, por su parte, la explicación de lo que pasa con sustancias como el DTM, se basa en las técnicas de Imaginología de Resonancia Magnética (fMRI). Estas demuestran que la administración de alucinógenos incluye una excitación de la corteza frontal, el lóbulo temporal medio y la corteza occipital.


“¿Qué voy a ver?”

Esa era la pregunta que se hacía Juan Pardo* durante la preparación para tomar yagé. Por sus efectos desintoxicantes en el cuerpo, recomiendan llevar una dieta estricta (mínimo un mes antes) sin carnes rojas ni licores y drogas.

“Había familias enteras. Papás y niños tomando”, recuerda el joven de 24 años, quien asegura que esta bebida es tradicional “y no debe ser visto como “¡Ay! Es una droga, vamos a enloquecernos”.

Si el consumo de DMT viene de frutas o alimentos naturales, la monoamino oxidasa (MAO, enzima que tenemos en el cuerpo), lo destruye, por eso, en ese caso, no hay alucinaciones. El caso del yagé es diferente, pues no solo tiene DMT sino también un inhibidor de la MAO. El efecto puede durar de cuatro a cinco horas.

“Empiezas a vomitar. Luego, llega el estado del trance -expone Pardo. Yo estaba en un caminito, vi la luna y hasta ahí llegué. Una fuerza me tiró y me dijo: ‘de aquí no se mueve parcero (…). Pensaba que lo que hacía no tenía consecuencias en la vida real, pero resulta que sí. Empecé a rascarme horrible, me echaba tierra encima porque yo sufro de dermatitis y quería curarme”.

De acuerdo con Rick Strassman, psiquiátrico y director del documental DMT:la molécula espiritual, a través de meditación, ayuno, canto, danza y otras técnicas se puede lograr la estimulación de la glándula pineal, relacionada directamente con los efectos fisiológicos y emocionales por el consumo de la sustancia.

La glándula pineal está ubicada en el centro de nuestro cerebro justo donde las dos mitades del tálamo se unen. Se puede comparar con el tamaño de un grano de arroz y se le adscriben responsabilidades por su unión entre el cuerpo y el espíritu, pues el anatomista belga Arthur Van Gehuchten la consideró como un “órgano enigmático”.

Hasta ahora, no se han atribuido muertes por sobredosis de DMT.

* Nombre cambiado por petición de la persona

 

En términos legales, el consumo de DMT no está permitido en espacio público:

 El Código Nacional de Policía en el artículo 140 No.7-8 señala que el consumo y porte  de  sustancias psicoactivas en espacio público no se puede efectuar, el no cumplimiento de lo dicho anteriormente generará una multa general tipo 2 equivalente a $196.720 y/o participar en un programa comunitario o actividad pedagógica de convivencia  y remisión a los Centros de Atención en Drogadicción (CAD) y Servicios de Farmacodependencia a que se refiere la Ley 1566 de 2012 si así lo requiere la autoridad. El bien incautado será destruído.
 


“La dimetiltriptamina, sus  derivados o las sustancias asociadas lo que hacen es generar cambios profundos en la neurotransmisión” explica Vélez Agudelo.


 

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