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Puntualmente…

Fotografía por @valentinaallan de la Serie Ruta 77, publicada en Sexta Edición Distopía

¡Basta ya! Que estoy cansado de esta lucha sin final agotando mi alma, dejando tan solo vaguedades en mis certezas, provocando que el impulso que hace pasos en mis anhelos desmaye ante las pesadas cargas de absurdos desengaños; ya no quiero simplemente ser la cuerda que vibra tocada por el dedo del errático sino y he reunido las fuerzas para derramar a voz entera cuanto en el absurdo abandono de mis voluntades, me cansé de explorar universos equivocados en donde solo atinaba a cometer errores y en los que nada podía ser más de lo que estando era.

Que si un día más soporto el aire, acaso deba entonces suplicar porque se extinga y aún, a riesgo de que puedan mis palabras ser conjuro, declaro lo que inflama mi razón y se hace leña:

¿Para qué caminar por rutas que no conducen, o dar traspiés tratando de ser o estar más allá, de donde solo yo sabré llegar un día? Aquí estaré, sentado en el silencio, mientras se borran del alma las razones que otrora tal vez me ilusionaron, llenándome de sueños a futuro. ¡Ah! Cuánta vaguedad oculta entre ansiedades que solo supieron dar con equivocados caminos; cuanto de absurdos ideales preñados de blancos ensueños, que al final se unieron al sucio mercado de livianas veleidades; burla absurda del frenético albur que marca las sendas de quienes habrán de perderse sin tener un segundo recorrido.

¿Suena acaso doliente mi frase? ¡Pues no! Que es hastío lo que subleva mi ánimo y me hace ir en contra de este marchar absurdo tras la tiránica razón de los afanes; pues ahora, aquí estoy siendo lo que soy; lo que seré sin que haya una voz que me reclame, pues me he librado de la absurda esclavitud de dar motivos.

Ya pues, no habrá de confundirse de nuevo mi precepto con cantos que le son ajenos; no me guiarán mis pasos más allá de donde se llega, cuando aún en medio de dudas se es dueño de la certeza luminosa de una estrofa propia y airada; nunca más mi esperanza se fiará de vanos horizontes pintados en la arena; reniego de las certezas vaporosas que se esfuman al mínimo impulso de la brisa mañanera; me alejo de las prisas que conmueven las pusilánimes ánimas sin garra en sus ardores; me desnudo del vestir continuo y obligado, exponiendo a los ojos aterrados de la falaz mirada de un mundo artero, mi impúdica verdad, quizá tan solo cubierta de piel y de deseos pero real como las carnes que cubren mis verdades.

No perfilarán mi senda los motivos de voces altaneras, intentando variar el rumbo trazado por mis certezas; que la mueca irreprensible de este hastío no busca ser ofensa, en medio del reclamo cansado de una lucha que no ofrenda; que no me mueve la simpleza de una rebelde ignorancia tanto como el firme agasajo de una vida que ha cruzado los jardines espinosos, en los que se aprende, acaso de la mano del dolor, pero se aprende; adiós es el canto sublime que anima mi ser y eleva, hasta los cielos, la dicha por ver a mi duda ondear sobre el abismo en que este mundo blasfema.

Es esto lo que soy, lo que seré; y allí habré de estar en el minuto en que acuda con mis harturas de mundo y de existencia; mientras dejan mis manos esfumar las últimas razones para ser un grito escapado entre las frondas; al tiempo que los cantos de las hadas lastimeras reconocen la absoluta validez de mis consignas; sin temor a nada, me hallaré mirando de frente al universo y elevando la voz, para presentar el examen final del abandono.

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