Literatura

A Beatriz la conocí siendo apenas un niño. Llegaba diario a casa, a eso de las 7:00 am; entraba al cuarto del servicio y se vestía con el uniforme que mis padres le hacían llevar; yo la espiaba por la puerta entreabierta mientras lo hacía y en ocasiones, por la pequeña ventana cuando aseguraba la puerta; me las arreglaba para

El chofer me devolvió 200 pesos después de recibirme con su rostro resignado, indiferente y cortés un billete de 2000, en el siglo XXI la cara de Santander nos indica acceso al transporte público. El vehículo anaranjado y ruidoso se encuentra casi sin pasajeros, sí, todos fuimos raptados de la cama por cumplir con el horario del hombre moderno, las horas

No sé cómo describir lo que sentí el día del anuncio oficial. Sin duda lo veía venir pero nunca me sentí preparado. Para aquel entonces no era más que un niño de doce años que había disfrutado vivir en la misma calle toda su vida. Avenida Principal de San Luis, Residencias Mary Carmen, piso tres, apartamento 32. Mi mamá me despertaba todos

Lo cotidiano, dicen algunos, es como la nariz todo tenemos una, Lo cotidiano no son los lugares comunes, ni calles transitadas, ni los hábitos que nos hacen quienes decimos ser. Lo cotidiano no son aquellas clases que tomas, ni los saludos repetidos casi con desdén, o las sonrisas obligadas, lo cotidiano es la violencia de los días. La violencia de levantarte en la mañana y descubrirte solo, la taza de café

Fotografía por @valentinaallan de la Serie Ruta 77, publicada en Sexta Edición Distopía ¡Basta ya! Que estoy cansado de esta lucha sin final agotando mi alma, dejando tan solo vaguedades en mis certezas, provocando que el impulso que hace pasos en mis anhelos desmaye ante las pesadas cargas de absurdos desengaños; ya no quiero simplemente ser la cuerda que vibra tocada por el

Canalla despedida prolongada, a la que miles de excusas se han aproximado para no dejarla ir. Agónica de quererse quedar aun cuando ya te estás yendo. ¡Qué desazón se percibe en tus mandíbulas y puños apretados! Te transportas a la lógica opuesta que te has inventado, y de repente, un halo llega a liberarte. A pesar de eso, solo sabes quedarte

Entre los alaridos de alegría por la llegada de las vacaciones, Diomara, cinco meses menor que Joselito, llora en silencio. Él -vagabundo en formación- había dejado de compartirle su lonchera aquel día de junio. Ella -necesitada por profesión- en un berrinche poco importante para el mundo, pero determinante para la mocosa, lloraba silenciosa e imaginaba que el arcoíris se derretía

Santiago Cifuentes se encontraba postrado sobre su vieja mecedora roía por el comején del tiempo. Al encender el ultimo cigarrillo del día y mecer su cuerpo en pro de la gravedad, experimenta una sensación de despojo sobre sí mismo. Todo su sistema muscular colapsó en cuestión de segundos, cada extremidad sufría un ligero desgarro. La tenue brisa se colaba por la abertura de la puerta

Soy cuerda, pero no lo suficiente como para vivir en el mundo de los cuerdos. Soy loca, pero no lo suficiente como para vivir en el mundo de los locos. Vivir en la dualidad, esa es mi vida, fluctuar entre infinitos mundos, donde ninguno es mi cárcel pero ninguno me equilibra. Años de lucha intentando descifrar de qué lado estar,

Imagen de portada: Obra perteneciente a Jeroen Buitenman Escrito por: Andrés Galeano Los hechos sucedieron de la siguiente manera: él estaba solo. Ella estaba sola. Él estaba cansado de que otras chicas le rompieran el corazón, ella estaba cansada de romperlos. Cierto día él y ella se conocieron, y enseguida, convirtieron las camas, ajenas y propias, en pretextos para volar. Por un

Moría. Lo asesiné. Lo puedo jurar. Perecía frente a mí. Su tierna sonrisa se desvanecía. Sus manos perdían lustro sin detenerse. Yo me aferré con las lágrimas ahogándome. Me até al pétreo espectro de su silueta. Él seguía hundiéndose más en su costal de huesos. Miré por la ventana sin percatarme de la suave brisa. Hacía cinco meses, tres días

Me llamo Dios, a secas. De chico me di un apellido: Dios Silencio, así me presentaba ante nada porque antes nada había, sólo silencio sobre el silencio… ya se imaginarán mi tedio. En ese entonces sólo pensaba en mí y en la manera de matarme. He intentado matarme setenta y cuatro veces, desde el principio de los tiempos hasta hoy,