Mesas redondas rústicamente soldadas llenan la sala, algunas sillas vestidas aún de cuero tienen los espaldares rígidos y sus patas que apenas alcanzan los 30 centímetros, parecen estar enraizadas en las baldosas curtidas por conocidos y alcoholizados pasos. Dos cervezas sobre la mesa, 5 personas en la sala, una mujer llorando, otra ensimismada, 2 hombres mirándose embriagados mientras yo asentía con una sonrisa