A Simón Carrillo le sobraban razones para irse. Cuando él y su familia vieron que la cosa no pintaba muy bonito en Cabudare (Venezuela), decidieron partir evitando morir a manos de algún malandro.
A lo mejor se cansó de asistir a fiestas y reuniones donde solo escuchaba las voces de los que consideraba sobrevivientes de la cotidianidad, los sobrevivientes del…
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