Canalla despedida prolongada, a la que miles de excusas se han aproximado para no dejarla ir. Agónica de quererse quedar aun cuando ya te estás yendo. ¡Qué desazón se percibe en tus mandíbulas y puños apretados! Te transportas a la lógica opuesta que te has inventado, y de repente, un halo llega a liberarte. A pesar de eso, solo sabes quedarte

La constancia del deseo inagotable con dolor en el recuerdo sin alivio al sufrimiento con premura en el contacto en una sola piel empezando y terminando en aquel mismo lugar y con sonrisa cómplice sin saber el lugar me regalan el rezago de tu aroma y picazón en la punta del olfato. Mucho gusto me llamo y no hace falta que te presentes ya sé que te llamas y también sabía de tiempo atrás que me