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Takashi Miike es uno de los directores de cine que más aprecio y respeto desde hace mucho tiempo, pero la razón del porqué ocupa un lugar importante para mí la supe hace poco cuando volví a ver La llamada perdida del 2003 (Chakushin ari), la cual vi por primera vez hace aproximadamente trece años. Al volverla a ver recordé que

Un apabullante hormigueo en las terminaciones nerviosas de mis falanges, advierten del agotamiento y sumado a la pesadez de los parpados por la incandescente luminosidad de la computadora. Cavilo infructuosamente para escribir una reseña sobre un vacuo producto cinematográfico que mire ese día, sin embargo ronda por mi psique la necesidad de remembrar con cierto vaivén en mi proceder vital,

 Caminando por el infinito empiezo a ver colores, caracoles, estrellas en movimiento, gotas de sangre de colores, un arco iris en la oscuridad, la luna colgada de un mueble en el universo de la mente de un niño en un espacio muy lejano. Caminando por la franja veo los unicornios con alas de murciélagos, un mono-araña jugando con un triciclo mientras todos bailamos en una piscina de chocolate, llueven las