Un país al SUR

 
La opción más cercana de paz es una “democracia restringida”, pero hoy les guste o no a sus habitantes, es la que ofrece por lo menos un tiempo para poder luchar por rescatar la paz, ésa que tanto han anhelado, ésa que necesitan, una paz para el futuro, para dejar atrás 200 años de guerra, y hacer que cese la horrible noche y se despierten en medio de la libertad.

En las últimas semanas en un país cualquiera de un continente al SUR se vive una de esas etapas que probablemente no se ha visto en los últimos 200 años, años de guerra declarada, de conflictos y derramamiento de sangre, y que probablemente pone en juego los próximos 200. Ha pasado por conflictos de diferente índole, las estructuras de poder han llevado a sus habitantes a acostumbrarse a un estado de guerra continuado, y más aún, a que dejen de sentirse participes de la misma.

Estas semanas determinarán quién llevará las riendas del poder de ese país al SUR durante los próximos 4 años, país que en sólo 12 años ha vivido algunos de los más grandes cambios de una época, de una historia. En la primera parte de estos años, el posicionamiento en el poder de un estado de recrudecimiento de la guerra, falsos positivos, pérdida de garantías, implantación de políticas neoliberales, desapariciones, un panorama en cualquier caso bastante oscuro, si lo comparamos con los “logros” como la “seguridad” en un estado de sitio, el tránsito por las vías del país hacia las fincas, en un lugar donde poco más del 70% de la población no son dueños de nada, vías que por cierto en la mayoría de los casos están a punto de colapsar y los procesos de recuperación de las mismas no se ven por ningún lado.

Los últimos 4 años presentan para los habitantes de este lugar, al SUR, bañado por dos mares e inscrito en los andes, los primeros “esbozos de paz”, aunque enmarcados en la firma de tratados de libre comercio TLC, de conflictos en las calles por el incumplimiento del estado en sus compromisos con los campesinos, de movilizaciones estudiantiles, de trabajadores y usuarios de la salud, los trabajadores de la rama judicial, los maestros, etc.

Situación que genera un alto grado de descontento y falta de credibilidad en las instituciones. Probablemente muchos hoy no estén muy cómodos con las opciones que se presentan en las elecciones presidenciales de aquel país al SUR, las que por cierto son el resultado de la falta de cultura política, en las que la abstención en la primera vuelta marcó como siempre uno de los índices más altos.

Pero lo que debería ocupar en este momento el pensamiento de los pobladores de este país al SUR, es decidir qué prima en sus deseos y en su historia llena de guerra: si buscar por fin una idea de paz, una paz sinónimo de muerte, sepulcros, olvido y silencio, o una paz no de los poetas y soñadores, sino una de papel, una paz de cese al fuego, una que garantice un día más, una tarde más, y probablemente una noche menos oscura, y una mañana en la que encontraremos un poco de luz, ésa que se consigue entre
los gritos y arengas de los hombres y mujeres que buscan un país al SUR para el futuro.

La opción más cercana de paz es una “democracia restringida”, pero hoy les guste o no a sus habitantes, es la que ofrece por lo menos un tiempo para poder luchar por rescatar la paz, ésa que tanto han anhelado, ésa que necesitan, una paz para el futuro, para dejar atrás 200 años de guerra, y hacer que cese la horrible noche y se despierten en medio de la libertad.

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