Un artista de la calle

El sol de verano de la capital, el frío se cola por los huesos y me lleva a preguntar “¿A quién se le ocurrió la idea, o mejor, quién pudo convencer a los capitalinos de que ese frío es el verano?” ciudad ajena para muchos, a sus calles saturadas con personas que probablemente nunca noten cuántas veces sus días y vidas se cruzan.

La monotonía en el ambiente general sólo se ve interrumpido por algún hombre o mujer que podríamos llamar artista, la música de fondo de un saxofón que deja escapar las notas de una antigua canción “el reloj” si mal no recuerdo, interpretada virtuosamente por un joven de aproximadamente 22 años a cambio de algunas monedas, y sobre la avenida séptima de rodillas, algún artista llamó mi atención.

¡Un feliz día, gracias por apoyar el arte! reza en el suelo la frase. Preocupado por los detalles comienza su obra, las ramas como refugio de aves exóticas en su estado natural, en esta selva de cemento se hacen la imagen de un paisaje de selva tropical que parece haber sido sacado del libro La Vorágine de Eustaquio Rivera, el asfalto es hoy el lienzo para la jungla.

Anibal Jaramillo era su nombre, un hombre de 50 años, nacido en Medellín, sale de la ciudad en busca de oportunidades, tuvo alguna vez una marquetería donde perdió parte de un dedo, después la situación se hizo difícil, “he sido vendedor pero lo que me gusta es el arte” lleva un año en la capital, “acá no nos molesta nadie” -dice, mientras la gente del común lo alienta diciendo:“hágale chino, está elegante”,”está bueno”,”muy bonito”,”hay gente buena, valoran el arte”.

Todos los días en la mañana leo el diario ADN, voy por un tinto y a trabajar, es la vida de un artista, la rutina diaria. Aprendí a pintar desde hace 20 años, aunque siempre me gustó dibujar, ahora estoy en un proyecto con la alcaldía, por un lugar donde pintar.

Conocí en Medellin a Juan Vasco pintor internacional –confiesa-, y compartimos un tiempo en el barrio, me enseñó un poco sobre cómo manejar el pastel.

El arte de pintar en la calle se llama manoa -nos cuenta Anibal-, en la avenida séptima hay muchos jóvenes que lo hacen, pero en su mayoría son personas que pintan partes de cómics o personajes en forma de caricaturas, además casi todos usan tizas tipo pastel, nuestro artista es diferente, tiene su propio “espíritu” su “técnica propia”, trozos de materos, pedazos de ladrillo, piedras, carbón y ocasionalmente una tiza son sus materiales. 

Se hace uno en el día -lo de la pieza- comenta, hay días buenos de 20 o 30 mil pesos, otros que no pasas de 2.000, la habitación cuesta 9.000 pesos a diario, pero tiene televisión y agua caliente, queda en el centro y facilita el trabajo.

Después de la charla y un café lo dejé terminando su obra, no sin antes cambiar el tiempo brindado por algunas monedas y la promesa de llevarle impreso algún día lo que escribí sobre él.

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