Telememoria

Desde tiempos inmemoriales, la preservación de la memoria consistía en un acto de sintetización de una cultura de boca a boca, esto es tradición oral. La externacionalización de la memoria a través de la escritura y posteriormente con la imprenta, y todavía más con la automatización de la imagen a través de la fotografía, tanto de la memoria privada, pública e íntima, consistió a grandes rasgos, en traspasar dichos conocimientos e informaciones a un soporte artificial pero físico, a la vez que se mantuvo en vigencia la preservación mental individual y colectiva. El paradigma de los sistemas de memorización electrónicos en cambio, externalizan y convierten en artificio el proceso, al permutar el soporte y los sistemas de almacenamiento, recuperación y gestión de la información, al no requerirse la fisicidad del documento, sino que se nos presenta accesible, sobre todo con la accesibilidad que ofrecen las redes telemáticas, independientemente de dónde nos encontremos. Además de ello, apuntar que, la posibilidad de hacer tantas copias como queramos, aumenta indudablemente la accesibilidad a mayor número de personas. Por lo tanto, vislumbramos la enorme difusión de la memoria (pública, privada e íntima), como la diseminación geográfica de la misma. Como venimos advirtiendo a lo largo de toda la propuesta, desde una perspectiva teórico-práctica creativa, querremos suscitar que, indudablemente dicho cambio pardigmático irradiará reestructuraciones significativas en los sistemas mnemónicos sociales e individuales.

De acuerdo con Fontcuberta en que la fotografía tropieza con dos potestades de la experiencia humana, que son (1) la percepción, pues permite aprehender aquello que es imperceptible para el ojo humano; y (2) la memoria, como archivo que guarda la información contenida (Fontcuberta, 2010: 168) Como alternativa propia de nuestro tiempo, encontramos al igual que él, una vía alterna a la memoria-archivo existente al examinar diversos proyectos en los cuales, se subvierte el proceso a la búsqueda de nuevas estructuraciones del material existente a través de la práctica y reevaluación del propio creativo. El trabajo proyecto a desarrollar dentro de este contexto, viene regido por una voluntad de ecología visual: hay un exceso de imágenes en el mundo y una obstinación desmesurada en atesorarlas. Por lo tanto, no se debe contribuir a su sobresaturación, sino que por el contrario se impone una labor de reciclaje, de recuperación entre los desechos, a fin de que el frondoso entramado que conforma la imagen hoy, nos deje volver a ver sus conexiones: la abundancia inabarcable de datos indiscriminados no resuelve nuestra necesidad de información, sino que nos deja igual de ignorantes pero mucho más confundidos. Al rescatar el hecho duchampiano, sustituiremos el valor de la producción (hacer fotos) para en palabras de Fontcuberta, desplazarlo a la elección, al acto de señalar y escoger (Fontcuberta, 2010: 172). 

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