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Papá

No eran las cuatro una tarde de enero cuando llamaron al teléfono de Elsa.
“…se puede esperar cualquier cosa; pero como siempre: hay que esperar”.
En aquella montaña, las aves hace mucho no volaban, permanecían horas completas intentando levantar sus patas del suelo seco y amarillo; todo en un intento frenético y casi humano por vivir.

“…te dije que era mejor darle la noticia en otro momento, y no por teléfono, ¡Imagínate cómo ha de estar!”
Hubo un tiempo en el que mientras los pájaros amarillos, verdes, grises y negros volaban, Elsa, Julia y Margarita corrían, cansadas, de subida una y otra vez la empinada y verde falda de tierra fértil; todo con el único fin de alegrar las largas tardes de enero, febrero, marzo o abril; de cualquier mes rutinario y alegre como sus vidas.

“Mira Elsa, te llamo de nuevo porque ya él se fue.” Hasta ese día, Alfredo, padre de las tres, recordó a sus hijas resbalar sobre la tierra dando giros de cuerpo completo; riendo como niñas aún siendo adultas: siendo infelizmente feliz. Las aves hoy vuelan sobre tierra aún seca y amarilla.

No tengo ni idea que datos poner, quizás sí: ¡Jueputa!

alejandrocamposduque@gmail.com

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