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La Guerra es Fiesta

La paz del romántico Zuleta

Se cumplen 25 años del fallecimiento de Estanislao Zuleta, el académico que paradójicamente solo cursó hasta cuarto de bachillerato, Zuleta descrestó a más de uno por su bastedad intelectual: hablaba de Thomas Mann lo mismo que de Freud, dice William Ospina que sabía de economía, de sociología, que dialogaba en condiciones de igualdad con la cultura europea a pesar de la reverencia (por no decir sumisión) que le merecían a sus coetáneos.

Las malas lenguas se acuerdan que llegaba ebrio a sus clases, pedía un poco de café, comenzaba a perorar, y listo. ¡Aprendan profesores!

Estanislao fue un intelectual comprometido: escribió sobre la democracia, la educación, la ética, la lectura y la guerra. Con una lucidez tan amplia que décadas después de su muerte sus textos se pueden leer como una reflexión del presente. El encabezado de este texto es con base a su texto sobre la guerra. A pesar de sus vicisitudes casi que la misma, horrible.

Dijo Estanislao que es un oxímoron pensar en una sociedad sin conflictos, que las sociedades están por definición en convergencia, el reto es aprender a vivir de la mejor manera pese a las disparidades.

Al tratar de erradicar los conflictos que suscitan esas distas es que emerge la felicidad de la guerra. Un momento: ¿felicidad de la guerra? ¡Sí!: aquella que consiste en esa borrachera colectiva que exalta las pasiones bajo “palabras solemnes” como el honor y la patria, principios subyugados por dicotomías y maniqueísmos nefastos que conducen a ejercicios en donde sólo existe un ser protervo: el enemigo. De ahí que la derrota de este sea la empresa por alcanzar, sin importar si por la consecución de ésta, está en riesgo la vida misma. ¡Y la del otro!

Borrachera colectiva y fiesta. “Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón, y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre”. Por eso es que en el discurso oficial se habla de héroes de la patria y de asesinos y ultimadores. Eufemismos revestidos de esa borrachera colectiva referida por el filósofo.

En tiempos de presunta paz y reconciliación, el pensamiento de Estanislao es apenas conveniente. Sirve como insumo para recordar que una sociedad mejor “es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente de ellos”.

Podría uno decir que a Estanislao no se le ocurrió considerar que pensar en una sociedad sin conflictos es lo mismo de ingenuo que contemplar la posibilidad de una sociedad que aprende a extraer lo bueno de los mismos.

Y sin embargo, el Doctor Honoris Causa de la Universidad del Valle tiene sobrada razón cuando asevera que: “sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz”.

Aquí, desafortunadamente, estamos lejos de eso, pese a que se negocia el fin de una parte del conflicto. El Gobierno Nacional ha debido (debe) urdir planes para que se logre entender esto que Zuleta plantea, para que se acabe la parranda del líder de la borrachera. Llámenme ingenuo, pero al igual que Zuleta, que en este sentido es bastante romántico, yo también abogo para que el titular del futuro sea eso que Mockus escribió: “Reducción de la violencia quiebra funerales”.

Con resaca y todo, pero que se acabe esta borrachera.

 

Escribe para medios independientes de las principales ciudades de Colombia. Autor de la novela 'El cadáver de una balada, entre paréntesis' (Caza de libros, 2015). Ahora prepara un libro de cuentos. @VillanoJair

jairdisidente@yahoo.com.co

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