Juan Pabilo

Portada por: Valentina Allan
Serie Ruta 77

Le abono a mi padre que me enseñó a fabricar una cometa. Un objeto que vuela. Una nave de papel que sobrepasa las copas de los árboles y despierta los nidos de los pájaros cuando mueve los penachos como un pez de colores que se impulsa en un acuario de aire y de relámpagos. Por eso es un objeto que sirve para algo, es decir, para mucho porque vuela. Los ingredientes son: papel de colores, unas varitas para armar el esqueleto, pegamento y unos cuantos metros de pabilo. 

Sin embargo, esa afición por construir cometas en la calle se volvió bastante peligrosa desde una tarde cuando empezamos a escuchar detonaciones;  muchos  no alcanzan  a llegar corriendo hasta la casa… 

Se corta el papel. Se extiende sobre el piso. Se amarra la piola en un extremo de la vara, se tensiona y se asegura muy bien con otro nudo ciego para formar un arco, como las armas de los indios con que disparaban flechas para defenderse de los enemigos. El pegamento que yo uso es el engrudo que se saca de la yuca. Para extraer el almidón hay que rallar los redrojos que quedan en el rincón de la basura de las verdulerías. Se le despega el forro que está untado de tierra y se ralla la yuca en un rallador. El rallador es un invento que se puede fabricar con una lata de sardinas perforándole todos los agujeros que se pueda con una puntilla y una piedra, y cuando está listo, se puede ver que el latón queda rasposo de las muchas cuchillitas que a uno le sacan sangre en los nudillos de los dedos cuando está rallando yuca. El rallador sirve también para rallar el coco que se le echa a la natilla y a los caramelos, al queso y hasta a la zanahoria. 

Eran balazos de verdad que pasaban silbando por encima de nuestras cabezas…

El rallador es de bastante utilidad por estos días. Puede decirse que en todas las casas donde hay niños, hay un rallador hecho con puntillas… De la masa blanca que queda, uno exprime el jugo y esa leche que se chorrea  por los dedos arrastrando todo el mugrecito desde las manos hasta de los codos… Después se echa ese ripio adentro de un colador de trapo y se le va echando agua por encima hasta que ya no escurra más leche sobre la vasija. El colador también se puede hacer con una camiseta vieja. Se coloca la camiseta o un pedazo de cortina sobre una ponchera y se hace la misma operación. 

Fue entonces cuando vimos correr a los muchachos del otro territorio que huían luego de atacar a los muchachos de este barrio…

Ese ripio que queda ya exprimido uno se lo echa a las palomas y las tortolitas que se amañan en los postes del alumbrado eléctrico, son las que hacen fiesta. La leche que queda en la vasija se pone a reposar, y con harto cuidado se le va botando el agua transparente que le flota. Se pone al sol y se repite varias veces lo de botarle el agua hasta que se evapora. El asiento que queda  es un polvo blanco que es lo que llaman “almidón de yuca”. Cuando ese polvo seco le fastidia a uno entre los dedos, es que ya está listo para hacer engrudo. No tiene gracia que uno simplemente vaya y con sólo comprársela en la tienda de la esquina o los semáforos quiera volar un aparato de esos sin tener en cuenta que uno mismo puede fabricarlo. 

Al otro lado del parque había un hombre con los ojos congelados y sus labios blancos reflejaban una mueca de haber perdido por completo la esperanza…

¡Ah!, y también sirve para preparar unas coladas muy ricas con sabor a nuez moscada, clavos y canela, y los panaderos hacen roscas; para almidonar las sábanas y todo lo que sea ropa blanca, que al plancharla queda tiesa y brillante como cartulina. 

Al señor le tiraron una sábana para que no siguiéramos mirándolo a  la cara…

También sirve para atajarle a uno la diarrea, preparar los bizcochuelos y los pandebonos, y hacer que las sopas espesen en la olla. Pero lo más importante es que mezclado en agua tibia y revolviéndolo con un palito al calor de la candela, se forma el engrudo a medida que se espesa y así queda listo para trabajar con lo que quiera. Es un pegante tan bueno que hasta lo  usan los políticos para pegar en los postes y paredes sus promesas. 

Es cuando uno se da cuenta que ni allí donde habitan los grillitos, los gusanos, los escarabajos, y las lagartijas, se salva ya la vida de nadie...

Y también son peligrosas las cometas porque allá en otro país, un señor que había sido presidente, le había puesto un alambre de cobre a una cometa y le había caído un rayo. Con eso, estando nosotros tan chiquitos, el rayo nos podía partir en dos y convertirnos en carbones. Una cola de muchas tiras les ayuda a volar  e  igualmente las aletas. Luego se le amarra un pedazo de pabilo y se le cierra el bozal más abajo para formarle agarradera y llevarla de la mano sin problemas. 

Eso de ver una vida que se apaga   a quien hay que cubrir con una sábana, es una lección que no es para un niño fabricante de cometas… 

Los radios de cometa se fabrican con flor de india, vena de caña-brava o guaduillas de bambú, y el funcionamiento sigue siendo el mismo. El hilo de elevar se puede obtener de cajas de cartón, sacos de cemento, o piola de los bultos de la harina o del azúcar. Pero yo no fabricaría cometas blancas porque cuando están en el cielo nadie puede verlas, y menos aún en estos días con tanta bala perdida rondando por las ventanas y los patios. 

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