Hijos del Progreso

Portada por: Darwin Fuentes
Obra: OUTV

Se quedó quieto, petrificado el viejecito

Se quedó quieto, petrificado el viejecito
“A rey muerto, rey puesto”.
Cayó sobre la acera el pobre anciano
La teñía de una masa extraña;
Carne vieja, arremolinada.

Un samaritano pasó de lado y se rió
Una madre al viento echó sus cruces
Y un joven indignado, tomó una foto
Y con el globalizado infierno se quejó.

Pero nadie ayudó al pobre viejecito
“De algo tiene que morirse uno”, dijo a su vieja.

Ella moriría igual, todos corrían
A la mañana, moribunda, gateaba muy atrás.

Mueren los viejos, objetos necios
Y la real luz, encarcelado enjambre.

“A reyes muertos, maniquís puestos.
No teman hermanos míos, no soy Satán
Soy el Progreso”. 

Ignorancia y saliva

Puesto que la gente dice, y su sabiduría comenta
Que la lengua es el azote del culo
Que las babas hacia arriba son el futuro aguacero
He pensado resignado en el pétreo silencio
Y en mi voluntad y su abdicación
                               Si es que a mis palabras, la gente
                               Tan amable e inteligente se refiere.
Dijo el tonto que la patria es lo más grande
Y el desterrado que la patria es un fantasma
Que a veces se recuerda y se ama
                                 Y que otras veces se nos huye
Y al que nunca nadie escuchó,
                                  Que la patria iba siempre consigo
                                  En la taza de café, en un beso de madre,
                                  En el frío vespertino
                                  Algo parecido, a lo que el ciego Sabato había dicho.

Pero el analfabeta salió gritando
Y fue lo que más me sorprendió:
“Que cómo deletrear orgullo, cómo escribir democracia
Amnistía y sinrazón
Que cómo pronunciar analfabeto
Que cómo pronunciar el signo bajo el que nací yo”.
Solíamos creer en la venida de los buenos
Y solemos aceptar la costumbre de un supuesto líder
Anémico y burlón.

Solíamos gritar en contra
Y nos volvimos de los mismos
Los perezosos y ahogados, los embriagados
                                Que ante la incapacidad de no rendirse
                                Deciden a veces, amarrar sus manos a un cañón.

Puesto que la vida es larga, muy larga
Y con poesía han engañado
Diciendo que ella es un corto momento
                                Una cruel difamación.

¿Y quién dice que no
Que la ciencia puede silenciarse a veces
Y los argumentos volverse atisbo en sensación?
¿Y por qué la ignorancia se reduce
En artilugios de leer y escribir
                                  Si hemos visto artistas demagogos
                                  Y hemos visto a los ignorantes en corbata?

Si yo he visto al fénix desplumado
Y lo he visto también en los que no fueron educados
Lo he visto en cenizas una y otra vez
Resbalando por su piel quemada al sol
Sirviendo de alimento en una noche hambrienta,
                                          Fría e iletrada.

¿Y quién dice que no
Que la filosofía se usa como espada traicionada
Y nuestro arte como artilugio subastado?
¿Y quién dice que no
Que la cultura produce a veces monstruos y quimeras?

Que se nos azote, que se nos azote entonces
Que la lengua azote el culo
Cuando la escupa en la cara se nos caiga
Cuando nuestra ignorancia
En palabras sacras e inteligentes salga fuera
                                          Cuando digamos derrotados:
                                          Que la vida es lo peor, una cruel difamación.                   

Soy la gota lejana

Soy la gota lejana, la última herida de la violencia de Colón
Soy uno de los hijos de Rimbaud, hijo europeo del sol.

Soy el aleteo desesperado del cóndor
Que se aterra por momentos, ante su extinción.

Hombre, amigo mío, soy el fruto y consecuencia
De la totalización

          (Le llaman ahora Globalización)

Soy creencia destruida y derrotada
Alma de ahora, gran prostitución.

Soy un único manifiesto, un sólo seguidor.

Al otro lado estamos

 Al otro lado estamos, en medio del barro; como humanos
Al otro lado estamos, ajenos, pobres, incomunicados
Al otro lado estamos y no hay palabras grandes, ni discursos elocuentes
Al otro lado estamos y de vez en cuando renegamos.

Y ellos están alto, limpios y lejos de nuestro barro
Y ellos están juntos, repetidos, muy comunicados; delicados.

Ayer vi a un poeta y me dijo: “Yo quemé mi bata”
Ayer me vi de frente y también quemé la mía
Nos echaron de la patria, nos arrojaron de la ciencia
Inclusive los pomposos, que vestían el atuendo de filosofía y de las letras.

Al otro lado fuimos y nos desvestimos y bañamos
Al otro lado fuimos sonrientes a ratos, llorosos en los otros
Al otro lado fuimos, dimos las espaldas, nos arrojamos en el barro.

Y el idealizado pueblo nos gritó: “¿Por qué hacen eso? Es de cerdos”
“Pues porque el barro es verdadero, el agua que ustedes inventaron
Es lo falso”, contestamos
“Es que es la evolución, el nuevo invento”, dijo el pueblo
“Pues no evolucionamos, al otro lado estamos; como humanos”, contestamos.

 El último Adán

 Yo vi al último Adán, a Prometeo moribundo
Y su antorcha apagada; puesta en las calles
Postrada en las camas, en los bolsillos y en los ojos
Y ya no fue más polvo, ni tampoco espíritu de sangre.

Los abuelos decían que esto iba a pasar, pero fuimos rebeldes
Y después fuimos tontos; tan inteligentes
Se derrumbó la muralla, desplumamos al cóndor y construimos Babel.

Los vi a todos en el mismo lugar, capturada su imagen
Iban todos hacia un lugar a pensar
Pero estaban muy solos  y no era la soledad del asceta
Ni tampoco la aventura del loco.

Era su asiento muy bello y bebían agua inventada
Pero sé que estaban muy solos
Aunque se hubieran unido en el mundo
Aunque supieran que habían inventado la red de Babel.

Y nadie me cree
Que yo vi al último Adán, a Prometeo moribundo.

Portafolio publicado en la edición Distopía

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