El éxito, el fracaso y la paz

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El éxito, el fracaso y la paz

La importancia de construir un proceso altruista sin intereses, nombres, o ideologías desligándose de conceptos tradicionales es la clave para una transformación social completa y duradera.

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Fotografía exekuoinfo.com

El estadista británico Winston Churchill decía hace ya más de siete décadas atrás: «El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.», acababa un conflicto de dimensiones mundiales nunca antes vistas que aun hoy recordamos como una vergonzosa gotera de constantes acontecimientos históricos que intermitentemente aparecen en documentos, leyendas y documentales de tv.

Tal vez el mismo significado de una palabra que retumba en este modelo socioeconómico sobreviviente sea la que marque las pautas a seguir en diferentes puntos de vista, diferentes campos y distintos conflictos, que al fin y al cabo son el antídoto para la otra palabra, “la innombrable,” signo de debilidad y derrota, a la que le tenemos miedo siempre y que juega de contraparte en esta frase célebre.

Churchill nos acerca a ambas expresiones y para ser más explícitos no es más que una vieja receta que nos motiva a construir, a no bajar los brazos, a intentar siempre que haya oportunidad. Lamentablemente estas cosas simples y básicas han desaparecido generación tras generación bañados por el triunfalismo y lo instantáneo, estamos apostando siempre al éxito directo, solo apuntar a la gloria o la concreción de las cosas sin prestar atención o reflexionar sobre lo recorrido, intentamos llegar arriba sanos y salvos sin ningún rasguño, nos concentramos en el triunfo olvidando el camino, gozando de las desgracias y fracasos de nuestros adversarios y lo que nos recuerda Winston Churchill sobre el fracaso o los fracasos, son de una u otra forma experiencias y aprendizajes que se vuelven ingredientes del éxito.

En estos días de cambios y de decisiones trascendentales para nuestro país, lamentablemente estamos viendo un escenario de decadente frivolidad, con esa manía de aparecer a como de lugar bajo la impronta del éxito, estamos viendo una encarnizada lucha por poner un nombre bajo esa marquesina luminosa y por supuesto todo lo contrario bajo la cartelera del fracaso. La carencia de un altruismo genuino es tal vez la postal que se observa, todos intentan mostrar su éxito y su victoria. Es un mal occidental de nuestros días impregnado en todo los escalones de la sociedad.

Es desilusionante ver cómo los “dinosaurios” políticos intentan sabotear el éxito de este acuerdo tratando escapar a cualquier precio del fracaso que representan, mostrando sus verdaderos intereses (pelando el cobre), avaros y egoístas, representando lo peor de una política digna del siglo XIX; ellos son los padres, abuelos y bisabuelos (si no vean los apellidos presidenciales) de la insurgencia, del analfabetismo, de la injusticia, del abuso y de esta sociedad que busca los logros personales a toda costa.

Por el lado de los actores del acuerdo es recomendable hilar un poco más fino (cada uno tendrá sus distintos puntos de vista como corresponde) pero para entender un poco más de qué va este histórico proceso de dejación de armas y acuerdos debemos equilibrar las endorfinas y los impulsos románticos, que si bien son el comprensible “aliño” de estos días, hay algunos otros intereses o posturas que forman parte de esa atmósfera que acompañan generalmente las decisiones trascendentales y que luego de unos años comienzan a aparecer y diferentes libros y publicaciones como el “dossier” o “el detrás de escena” de los acuerdos.

El desafío de la sociedad si quiere construir la verdadera y duradera paz es desaprender todo lo adquirido en estas décadas de conflicto, construir una paz sin nombres, banderas, ideologías e intereses marcados; si logramos superarlos evolucionaremos a una sociedad pacífica. Por ello, los grandes retos a vencer, sin lugar a dudas, son los paradigmas y las tradiciones discursivas heredadas de una escuela conductista criolla neoliberalizada durante dos siglos.

Este nuevo ambiente de apertura debe ser la primera bisagra para cambiar nuestra “programación” social, buscar las raíces, y resignificar valores universales, incluso, por encima de los religiosos y tradicionales que necesitan una restructuración y adecuación positiva para estos tiempos.

El entusiasmo es el rasgo que debe marcar estos días, se nos presenta una oportunidad histórica de lograr una construcción que permite ser exitosa para nuestra sociedad tan golpeada, manipulada y polarizada, aprendiendo de los tropiezos y fracasos que nos han dejado siempre alguna enseñanza para mejorar día a día, la paz es un derecho y triunfo de todos, no el éxito de algunos.

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El contenido de los textos aquí publicados es de exclusiva responsabilidad de los autores y no compromete a la Corporación La Astilla en el Ojo.

Nací en la ciudad de Paraná Argentina, hace 13 años vivo en Colombia, soy Licenciado en español y literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira,

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Comentarios

  • Diana L.G.

    Septiembre 28, 2016

    Comparto plenamente tu opinión. Este momento histórico de Colombia es, entre otras cosas, el resultado de muchos y dolorosos fracasos del pasado, de los ensayos, errores y lecciones de nuestra propia historia; pero también, por el lado positivo, es fruto de la unión de muchas fuerzas, voluntades políticas, sociales, económicas, morales y culturales que decimos:¡ basta ya!. Ese cansancio de esta guerra, ese ¡nunca más!, esa esperanza de un presente y un futuro mejor, deben ser los motores que nos guíen a cada uno de los habitantes de Colombia a construir y reconstruir conjuntamente ese sociedad donde todos (incluyendo también a los animales) podamos vivir digna y tranquilamente. La responsabilidad de lograr esa meta es de cada uno de nosotros, dependerá entre otros factores de: cómo nos relacionemos con los otros y nuestro entorno, cómo aportemos a la reconciliación, cómo reconozcamos la dignidad de las víctimas, cómo hagamos memoria histórica, cómo aceptemos y reconzcamos la sintiencia y los humanos que son esas personas que por algún motivo participaron en la guerra, pero que hoy, están en busca de oportunidades para vivir armónicamente en la legalidad; cómo incluyamos dentro de la consideración moral a los animales, quienes también, son víctimas silenciosas de este conflicto armado y de muchas de las acciones cotidianas del mundo occidental. En fin, estamos ante grandes retos de construcción de paz para todos.

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