El imperio de los Libros

 
Sobre Adrián E. Osorio, quien lidera el centro cultural Librería Roma

Cuando preguntan sobre tu nacimiento, siempre respondes: cerca de Manizales, en la vereda “El Tablazo”. Perteneces a una cultura cafetera, antioqueña, venidos de Aguadas y radicados en la mencionada vereda; aquí crece la familia, por ejemplo, Berenice Cardona de Vargas, tu señora madre, con sus siete hijos, todos varones. A ella le gusta el campo pero no quiere el campo, ella quiere estudiar… Por fortuna se casa con Pedro Antonio Osorio Rivera, tu padre, campesino ligado a la cultura del café y la arriería. Cuando uno toca estos temas, te exaltas, pues la gente no alcanza a imaginar la magnitud del poder que tenía en ese entonces las arrierías: ciudades como Pereira, Manizales, Armenia y el Norte del Valle tuvieron una gran actividad, dices, ya que el transporte se manejaba a través de empresas, las cuales casi que sostenían la economía del país, junto a las mulas que transportaban café, maíz, fríjol, etc., y de otras capitales se traían muebles, colchones, además de lo que llegaba de Europa en barco.

La madre se casa al finalizar la década del cincuenta y se va a estudiar a la capital. Visionaria, tenía interés por conocer, por tener contactos con otras ciudades. Estudió entonces arte y confección, modistería y belleza en Bogotá. Regresó a los cinco años al campo, profesional y con un grupo de amigas instaló un taller de costura y confección en Manizales, después convence al padre y al cabo de diez años se vende la finca. Para ese entonces tú eras el mayor, tenías diez años y estudiabas en la escuela Juan XXIII. Haces el bachillerato en otros dos colegios, continúas, no quieres perder el hilo: desde que tenía siete años me gusta mucho el comercio, el dinero, iba con mi padre, todos los sábados y domingos, de la finca al “Mercado Libre”, donde los campesinos llevan los frutos.

 
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Traes, por parte de la familia paterna, el espíritu de comerciante. El abuelo, que desde 1900 a 1920 fue contrabandista de tabaco cuando éste era ilegal y su paso se daba entre el Tolima y el Oriente de Caldas, es decir, entre Manzanares, Marquetalia y Pensilvania. Al final esto le trae problemas y desaparece. Ya cuando tienes doce años, sin la tierra, sin la finca, trabajas en la ciudad y lavas carros, eres ayudante, ganas poco, pero aprendes a manejar un auto sin que nadie te enseñe, además de tener la oportunidad de conocer, para el año ochenta y tres, a Robensito Gómez, que venía de Pereira a Manizales a vender libros: En el año de 1983, recuerdas, te escuchan, empecé con domicilios y a grabar títulos. Vengo de una familia muy organizada, con respeto por la gente y la palabra. Entonces, dos años después, el dueño ve valores en mí que le permiten dejar la administración de la caseta de libros ubicada, para ese entonces, en la carrera 23 con calle 24, en toda la cuadra del Banco de la República, un sitio emblemático de Manizales. Me acomodé muy bien a este entorno porque tengo memoria visual, grabo instantáneamente las carátulas de los libros, cinco años trabajo allí y al tiempo tengo otros intereses; fui ciclista profesional de la liga de Caldas desde 1984 a 1987. Entrenaba desde la 6 de la mañana hasta las 11, hora en que vendía libros hasta las 6 de la tarde, cuando iba a estudiar para terminar el bachillerato. En ese entonces Lucho Herrera gana la vuelta a España y la vuelta a Francia, lo cual causó que las personas con dinero se pudieran sostener y los que no teníamos un poder económico anduviéramos en bicicleta de turismo, así nos fueron depurando. Ya en el 87, decidí colgar la bicicleta. Tenía 18 años.

Durante un año aprendes suficiente sobre lo que concierne a los libros y su comercio, ya que sabes escuchar, para el año 90 el patrón te dice que no hay más trabajo, entonces quedas con una mano adelante y otra atrás. Tenías 1000 pesos ahorrados y con eso le compras a un muchacho 15 libros, literatura básica. De allí vas a una esquina a venderlos, no te gusta, no te ha gustado el mercado de la calle y da la casualidad que por esos meses te enteras de alguien que tiene una librería cerca al puesto, la cual se encuentra en quiebra, pues el dueño actual la heredó de su padre: “Mi libro”, se llamaba: mucha gente de Armenia, Pereira y Manizales se hicieron los libros gracias a esa librería, el dueño se llamó don Pablo Pachón, en vida no lo pude conocer porque yo llegué a esa librería al asociarme con el hijo, ya para el 91. En seis meses teníamos esa librería “parada”, remodelada, con surtido nuevo; tenía los contactos de dónde comprarlos. Un año más tarde “partimos cobijas”, siempre he sido independiente, nunca me han gustado los bancos; así, alquilo un local en la carrera 23 con calle 27 y la nombro “Librería Anticuario”, ya que la magia de la literatura está en el libro usado, porque este libro es el que habla, recuenta, vuelve y habla, pueden pasar muchos años y él sigue hablando, esa es la bondad del libro bien conservado. Las librerías de ahora tienen un mercado valioso, pero sólo venden el best-seller, el de moda; no les interesa sino facturar; en cambio en estas librerías no facturamos sino que valoramos el libro desde su título hasta el uso para el que fue diseñado, se le otorga el puesto que ocupa en la historia.

Cuando sucede la fundación de Anticuario, en el año 92, se encuentra en pleno la violencia del narcotráfico, a la cabeza dePablo Escobar. Las guerrillas no dan tregua. Para el 95 Colombia era un desastre, si se compara con lo que representa hoy, en la época estás independiente en el local y padeces dificultades económicas. Alguien te invita a hacer una feria del libro en Quibdó, partes desde Manizales; le prestas plata y se la roba, aunque deja la logística montada en el Chocó. Sólo te quedan los libros: En Quibdó empiezo a vender libros en una esquina cerca de la casa de la cultura, me fue bien y regresé a los 4 meses; de ahí seguí yendo cada año, hasta hoy. Ya para el 94 contemplo la posibilidad de que el centro cultural sea Pereira.

No puedes contener el ánimo Adrián Emilio Osorio, mandas por más tinto, ahora que tienes un imperio de
libros y un banco de lectores locos por las historias.

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Egresado del Grupo Escuela de Teatro del Instituto de Cultura de Pereira, promoción: 2006, bajo la dirección de Claudia López. Cofundador de la Revista Polifonía y miembro del comité editorial de las revistas Portafolio Cultural y Juglar, esta última especializada en teatro. Ganador del Premio de Crónica Universitaria en abril del 2008, organizado por Comfamiliar y la Universidad Católica Popular del Risaralda. Premio Nacional de Novela Ciudad Pereira 2012, con la obra Anónimos.

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