Fotografía: Aura Lorena escobar, escrito: "cada día se cae mas" de mateo Ortiz "Estamos en todos lados, con todos a la vez compartiendo una soledad perpetua, una condena que en últimas hace parte de nuestro diario vivir" LAAO

Cada día se cae más

Fotografía por: Aura Lorena Escobar
Título: Al otro lado del reflejo
Publicada en Feo (Quinta edición)

Seguimos buscándonos, incluso cuando estamos frente a frente.
Del espejo, de las aguas de la fuente, del metal brillante de nuestro encendedor.
Estamos en todos lados, con todos a la vez compartiendo una soledad perpetua, una condena que en últimas hace parte de nuestro diario vivir:

Una mujer se despierta agitada a causa de una pesadilla que le sumió en una inesperada irrealidad. Da un vistazo a su lado derecho y allí está su esposo. Levanta un poco su mirada y se encuentra de frente con el reflejo de una dama añeja a pesar de contar con sólo 30 años de edad. Baja sus dos largas piernas de la cama y siente el tacto frío de la baldosa limpia. Camina por toda la habitación, cuando está a punto de salir, decide observar sus aposentos para analizar cómo se extrajo así misma del vientre onírico de sus sueños, al mirar donde su esposo debía estar profundamente dormido se entera que ya no está, se ha fundido con la mujer que vio en los lustrosos vidrios de su boudoir. Ya se han ido los dos: su amante y el reflejo de su corporalidad, pero su esencia sigue vagando por las habitaciones inmaculadas de su fastuosa mansión.

La luna se filtra pálida por las cortinas de seda, ella se agacha un poco y siente la punta de sus dedos congelarse al sentir el espectro de luz lunar; esta dama está sola en el mundo, en su mundo, pero es lo que menos le interesa, pues ella se llena la vida con miles de preciosos objetos, reales, plausibles, esos que se obtienen con dar unos cuantos papeles, que según los humanos, tiene un valor comercial.

La dama continúa su marcha ya habiendo recobrado el sentido de la realidad, una donde ella está justificada por sus posesiones materiales, ésa sí es su realidad. Ahora regresa a su habitación, contempla su rostro rejuvenecido porque la angustia de ser más allá de lo físico ha desaparecido. Ella está de nuevo ahí incrustada, y su esposo sigue allí dormido. Ella ya no está sola, pues después de morir al caer por las escaleras, encontró por fin su alma perdida, a la joven niña que había olvidado al levantarse de su cama.

Todo luce como si la única forma de hallarnos en medio de toda esta brumosa luz, fuese muriendo físicamente, abandonando nuestra piel tibia y abrazando al manto, otrora limpio, de la parca.

Si me preguntan dónde estoy, siempre respondo lo mismo: perdido entre las afluentes de palabras de tinta y almas papel. Si me cuestionan acerca de quién soy, nunca sé; pero sí sé quién no soy: alguien que sabe quién es. Palabras más, palabras menos soy quien menos espero y espera. ¿Bibliófilo? ¿mamerto? ¿monocromo que se cree caleidoscopio? ¿borgiano por gusto y barroco por omisión? ¿gricoquimbayista? ¿melómano de tres canciones? ¿anacrónico cliché? ¿premoderno del posmodernismo? Juzgue usted.

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Comentarios

  • Alejandro Campos.

    Abril 3, 2014

    “Baja sus dos largas piernas de la cama y siente el tacto frío de la baldosa limpia.” Bellísimo.

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