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Bon voyage

Nadie dijo que fuera fácil, nunca nos educaron para eso, siempre nos llevaron por la vida pensando que la simplicidad de la misma consistía en “nacer, crecer, reproducirse y morir” y que esa última fase de por sí era la más trágica y negativa para cualquier ser. Aunque suene paradójico, nos educan de tal manera que andemos por el mundo temiéndole a la poderosa muerte, a la nuestra y en algunos casos, peor aún a la nuestros seres queridos.

Cuando la muerte toca lo más profundo de nuestro corazón, entendemos que ha llegado el momento de vivirla, aunque resulte nuevamente paradójico, y que es ahora donde debemos asumir una posición frente a ella, una posición que aunque muchas veces hayamos planeado, resulta surgir de lo más profundo de nuestro ser, provocando incluso desconocernos en medio del duelo, hablando de la muerte de los seres queridos, porque nadie sabe qué se sentirá cuando el momento nos llegue.

Nadie está preparado para ver morir a quién ama, en ninguna de las dimensiones, pero en mi caso, puedo asegurar que es el momento cumbre para entender en medio del dolor, lo bella que es la vida, e incluso lo bella que puede llegar a ser la muerte, ella es una dama respetuosa, de carácter, que no vacila, no miente y arrasa consigo cualquier agonía y dolor terrenal (esos que pensamos que nunca van a morir), a ella hay que tratarla con respeto, con altura y contemplar su belleza, muy profunda, mezclada con una gran oscuridad, tal vez tan profunda que muchos ni podrán apreciar.

Cuando la muerte me rosó, y se llevó a uno de los seres que más amo sobre la faz de la tierra, pensé que yo, nuevamente una paradoja, levitaba, que estaba por encima del bien y del mal, que flotaba, que no era persona y que podría deambular por ahí sin que nada, ni nadie pudiera causarme nada más fuerte que lo sucedido, pero ¡qué va!, ella misma me montó en ese globo, del cual me hizo caer unos minutos más tarde, y entender que somos un punto diminuto en medio de una gran inmensidad, que el verdadero dolor es tal vez uno de los “dopadores” más potentes que existen para el ser humano, y que la vida es como dicen trilladamente por ahí “un ratito nada más”.

Cuando ella me tocó pude ver que tan poderosa era, que tan paradójica era de por sí, ya que como otras muy pocas cosas puede mezclar la belleza con el dolor de una manera especial, dirán los que la ven con otros ojos, que nada bueno ha de tener, que sólo pasa arrasando y dejándonos jodidos, pero digo yo, desde mi más humilde opinión, que a pesar del gran vacío que puedo sentir hoy, la muerte es la manera más pura en que el ser trasciende, se despega de todo lo que lo ata al planeta tierra como materia física, y emprende un viaje, tal vez a la eternidad, o simplemente a otro ciclo, pero siendo siempre una versión mejorada, porque yo soy de las que pienso que sí hay vida, y tal vez la verdadera, después de la muerte.

 

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