Ya no, aquel salto tímido que me robaba una sonrisa, Ahora es tan solo amotricidad. El hecho de que no comprendas mis palabras ya no es fraterno, la ingenuidad ya no conquista, aquella incomprensión disfrazada de sonrisa se me hunde en la desgana. Y ahora en la cama, Tus grandes y pequeños senos apenas si me tientan. Atónito, veo a las sábanas repartir tiquetes de ida, sin regreso, con

Mesas redondas rústicamente soldadas llenan la sala, algunas sillas vestidas aún de cuero tienen los espaldares rígidos y sus patas que apenas alcanzan los 30 centímetros, parecen estar enraizadas en las baldosas curtidas por conocidos y alcoholizados pasos. Dos cervezas sobre la mesa, 5 personas en la sala, una mujer llorando, otra ensimismada, 2 hombres mirándose embriagados mientras yo asentía con una sonrisa