// Fotografía por: Felipe Giraldo El arribo del piloto Lo acabo de ver pasar. Bajo mi mirada para observar la hora en mi reloj. Son las 8: 33 de la mañana; acabo de notarlo, ya llevo una hora esperándolo. Cuando levanto de nuevo mi cabeza él ya ha avanzado varios metros; es momento de seguirlo. En el aire queda impregnado una aroma a loción barata,

 Todos somos un trozo de la Venus de Masoch, no por el masoquismo, sino por el deseo tibio que se desliza callado por todo nuestro cuerpo; pero este silencio no se limita para crear estragos, por el contrario él nos hace su presa, y nos vuelve partícipes de sus catástrofes. Con esto debemos aprender a vivir, pues el deseo no se frena hasta