Arsénico por Compasión

Portada por: Andrea Nodner
Obra: Needle
Un desequilibrio aparente…

El Estado, los estados y cómo hemos estado, vienen siendo la misma cosa. El poder coercitivo, en una extensa línea, es un aneurisma colectivo. ¡Ay de la subordinación!, ¡¿Cuándo se volvió cordura?!

Estas sociedades no son más que instituciones mentales con ánimo de lucro, disfrazadas en batas blancas quirúrgicas con la maniática intención de curarnos de nosotros mismos.

Finalmente, se convirtieron en infernales vertederos, donde cada uno de nosotros, enfermos mentales, caímos en letanía, y muchos otros, explotados con una excedente falta de humanidad.

Hospital psiquiátrico
06:43 horas.

La imagen del bisturí traspasando mi cráneo es una cinta que se repite intermitentemente en los fenómenos recurrentes de mi cabeza. Las fibras que se rompen se van directamente a mi corteza, las sensaciones se esparcen con tanta rapidez, que se han vaso-dilatado hasta mis cargos de consciencia. La sangre ha salido literalmente de mi cuerpo, al parecer no tengo conocimiento, mi cuello ha rebotado contra esa baldosa brillante.

¿Me estaré muriendo?, o del golpe me morí. ¿Estaré aún viva?, o así de catastrófico es el cielo.

No tenía idea de que aún estaba joven, llevaba dos horas en una mesa metálica, las pupilas dilatadas por la luz blanca en el techo, y al fondo… la voz de una recepcionista frustrada. Nunca fui buena para conservar la calma en quietud, sudaba más de lo que ha hecho el sexo por mí.

Me habían inyectado un líquido cargado de una aparente calma, pero me asusté más de lo que me asusta estar consciente. Ese concepto científico de tranquilidad, era más un compuesto indefinidamente aberrante.

Todo esto me resultaba obsesivo, abrumante desde mi clímax emocional. Escapé. Me abrí camino entre la gente, hasta llegar a la salida del hospital, ¡vaya si escurría sangre¡ parecía un periodo interminable.

Era como febrero o septiembre, el caso era que llovía, ese parecía ser mi único objetivo claro, empecé a caminar con toda la vida en mis pensamientos y con toda la sangre al pasar.

-¡Malnacidos! – Eso le grité al aire y creo que voló alguna lata. Tenía todo el cabello escurriendo por mi frente, habían perros, basuras, edificios, ¡qué libertad y qué aislamiento¡ y qué hueco en mi cabeza.

Me mareo, me sostengo contra una pared de los tantos edificios, algo peor podría pasar, miré al suelo y efectivamente estaba patinando en húmedo excremento de perro.

-¡A la mierda! – qué maldición tan literal y figurada.

Hospital psiquiátrico
Habitación No. 303
12:04 horas

Se me está yendo el efecto de la felicidad inyectada, parece seguir todo igual, estoy temblando y me esfuerzo por no llorar. Todo fue un desvarío. Sigo en esta fatídica cama.

Hay una mesa, un televisor acondicionado para no comprender nada, y a mi alrededor, una reunión de manoseados “cadáveres”.

Los escuché diciendo: “Necesita ayuda psicológica”, ¡hijos de puta! hubiese preferido que me invitaran a mi funeral, con gusto los habría acompañado.

Quisiera saber qué coños hago en este lugar, mi cabello está más enredado de lo normal, no sé qué hicieron mi ropa, si supieran cuánto odio tener esta sábana que enseña todo mi caído aunque joven trasero, seguro se apiadarían de mí.

Tengo hambre y debo cargar con el peso de estar internada, ustedes ya sabrán a qué huelen los hospitales.

Lo que no comprendo es por qué tantos rostros sádicos por los pasillos, por qué algunos se revuelcan como espiral. Hay tanta gente gritando… tantos que van a estallar… vuelan lágrimas y falsedad, la risa es una desgracia, es la prostituta de la verdad.

Estoy acostada sobre mi espalda, me muevo por un corredor, estoy medio consciente o medio dormida, ya entiendo lo que hablan, no puedo moverme, mi faringe no responde.

La sala 6 se avecinaba, era momento de volver a escapar, pero esta vez tenía brazos en mi cintura, mis muñecas y tobillos. Un brazo masculino me presionó la frente, de nuevo el líquido empezó a circular por mis venas.

Mi corazón empezó a funcionar a medias, una máscara empezó a adornar mi cara. – Todo irá bien, respire hondo-, decían.

Entre las interrumpidas fallas de mis latidos, analizaban que muy posiblemente había recibido monóxido de carbono al igual que el oxígeno, razón que los hacía dudar de que hubiese recibido el suficiente gas letal para sus planes.

Tuve repentinos movimientos, se hizo un silencio fatal en la sala, ellos se dieron cuenta que algo andaba mal, muy mal.

Prensa Nacional
Clasificados
02:30 horas

¿Necesita usted un trasplante? Hombre, cualquiera vende partes de otro cuerpo, precio a convenir, a cualquiera que sea el interesado. Escribir al correo: [email protected]

La persona que puso el anuncio no especificaba qué órgano u órganos, ni quién era el donante. Y hubo otros anuncios, muchos otros, en diversos periódicos del país. ¡Incluso ofertas específicas del corazón de personas vivas!

Estamos atrapados dentro de un hospital psiquiátrico sin más posibilidades de cambio, que el de habitación. La sociedad es realmente, una lobotomía salvajemente clásica, que nos mantiene en la “base fisiopatológica de los estados conscientes”, es decir, nos mantiene en coma.

¡Psiquiatría cínica! ¡Patéticos locos! ¡Nido de cuerdos! ¡Pueblos fantasmas! ¡Ríos sin cielos!

Hospital psiquiátrico
Habitación: Pereira, Risaralda, Colombia.
Paciente: Katherin Castañeda Aristizábal
Edad: 25 años
Diagnóstico: Trastorno post-traumático de ansiedad.

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