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septiembre 1, 2014

Noches en Vela

 

Fotografía por Julián Salazar


Nos acaricia levemente la corriente que sondea las esquinas de la noche,
cómo quiero sumergirme y morir en ese suspiro que sale de tu boca,
cómo ansían mis manos ser correspondidas y provocar el deseo.
Te miro, y busco comprender aquel misterio que encierras,
te ríes, sabes que me tienes tras el brillo de tu boca,
me tomas de la mano y me jalas llevándome al siguiente lugar.

Tus labios, se abren frente a los míos y se toman,
las almas se hacen lenguas y se tocan,
y es en ese momento cuando nos besamos,
en medio de la calle, en medio de la noche,
bajo la brisa lenta, en donde el mundo
depende ya de nosotros
-porque somos la espina dorsal del universo-
se pausa,
las gotas se detienen en medio del aire,
tu respiro se hace el mío,
y todas mis memorias tienen ya ese aroma dulce,
ese sabor único incomparable
que sólo sabe nacer de ti para luego desprenderse y llegar hasta mi espacio,
te miro, y busco aún sin comprender aquel misterio que encierras y provoca,
me dispongo a conocer hasta la última partitura que te compone.

En medio del camino me hablas del futuro,
de un jardín que quieres en una casa vieja que te trae recuerdos de infancia,
hablas de la luna que se asoma cuando tu risa la llama,
me llevas, y sin la mínima intención de resistirme, dejo que me guíen tus pasos,
tu mano que se ata a la mía, ilustra que todo irá bien.
Lentamente se desboca la noche y como olas sobre arena me deslizo sobre tu piel,
hago de tu sendero río y extiendo mi caudal por todo el horizonte,
me retumba el corazón de manera alarmante
y sencillamente dejo que explote en mil pedazos sobre tu cuerpo,
dejándome morir, abrazado a la vida.
Te miro a los ojos, suspiro,
entonces me dejo guiar ahora por esa lucecita que se asoma por tus ojos
y me lleva a navegar eternamente por ese océano oscuro y profundo,
y somos dos lucecitas metidas en el fondo de tus ojos, navegando en un barco de papel,
en ese mismo papel donde te escribí por vez primera,
y te decía cómo y cuánto te querría,
donde pienso ahora que hicieron falta palabras,
que ni siquiera me sirve el océano
por donde me desplazo
para escribir sobre él la gloria que me haces sentir
cuando te miro, con el simple roce frío de las sombras cuando caminamos,
ahora remamos juntos como luces que brillan en medio de una oscuridad inmensa.

Te miro, y las chispas que nos rodean se ensanchan
y el caos que fuera el paisaje, se ilumina.

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