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Entrevista con Miguel Veyrat
agosto 30, 2016

Entrevista con Miguel Veyrat

Miguel Veyrat escritor y periodista español, estudió en su juventud en las universidades de Barcelona y Navarra, ampliando estudios de postgrado en las de Cambridge y Sorbona. Alcanzó gran renombre en España entre 1960 y 2000, considerado como un joven maestro del “Nuevo Periodismo” en los géneros de reportaje, crónica, columna y entrevista de fondo. Desempeñó misiones como enviado a diferentes partes del mundo, destacando como corresponsal diplomático permanente para diversos medios —entre ellos “Nuevo Diario” y Televisión Española, en París, Ginebra, Rabat, Argel, Roma, Londres y Dublín.

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Dedicado por completo a la literatura a partir del año 2000, su poesía ha sido definida recientemente como “La luz hecha canto” por el profesor de la Universidad de Salamanca y crítico del diario ABC de Madrid Luis García Jambrina. Sin embargo, como ha estimado Ángel Luis Prieto de Paula, catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante y crítico de Babelia en el prólogo a la edición de La puerta Mágica:

Miguel Veyrat ha escrito que, si se acepta una cierta actividad mística (en su poética), lo sería “desde un vuelo ignorante de toda promesa de felicidad que no tenga lugar sobre los altares de la tierra y del mar, en sus acantilados, sus volcanes, sus cielos, ríos y glaciares”; y concluye poco después con: “Mística de la incertidumbre, condenada a no hallar alivio al filo de llama alguna”. Así, que no conviene engañarse en este punto. En ese proceso no hay esperanza de eudemonismo o de salvación trascendente. Llegados aquí, la Esfinge ha vuelto a conceder su nada. El hombre que habita en el poeta ha succionado los jugos de la vida y celebrado eucarísticamente la comunión con el Otro, en el que se funden cuantos seres conforman el género humano. Ángel Luis Prieto de Paula

El catedrático, poeta y crítico Santos Domínguez comenta que el propio Ángel Luis Prieto de Paula, en su prólogo Los ojos de la esfinge destaca como núcleos creativos de la poesía de Veyrat «el estupor y el misterio, la fraternidad humana, el espanto y el éxtasis, que sobrevuelan por sobre la superficie de lo explicable a la luz pobre de la lógica discursiva.»

Asimismo, en opinión de la hispanista francesa Françoise Morcillo, catedrática de la Universidad de Orleans, estudiosa de la obra de Miguel Veyrat y autora de su semblanza crítica en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:

La palabra poética de Miguel Veyrat persigue el pluralismo esencial de la voz humana, liberándose en cada caso del sentido único que sucesivas glaciaciones religiosas y políticas de la historia del pensamiento han encadenado a los significantes propios del arte y las literaturas. Se ocupa así, a través del diálogo entre culturas e inmerso en una intensa vitalidad lírica, del abismo, de la ausencia de amor, libertad o igualdad, y del absurdo de una vida entregada a la muerte que puede alcanzar su redención en la poesía.»

Françoise Morcillo

En el prólogo de Instrucciones para amanecer, Françoise Morcillo dice:

La Tradición conduce al poeta a tomar conciencia de su condición de intérprete, en una búsqueda de identidad individual y colectiva que encuentra respuestas a la pregunta de Harold Bloom sobre la ubicuidad del conocimiento, en una tonalidad que transmite el obscuro deseo de renacer a la unidad precisamente en la pluralidad, escuchando y transmitiendo el renovado murmullo creador del mundo.

Ha publicado numerosos libros de poesía, narrativa, periodismo y ensayo, siendo asimismo muy variada su actividad como conferenciante y profesor fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información del Estado Español en la Universidad Complutense. Destaca entre todas su obra poética a la que ha podido dedicarse exclusivamente tras la jubilación forzosa como periodista y que se caracteriza por una drástica independencia de cualquiera de las corrientes o “familias” que coexisten en el panorama literario español; ha sido traducida a varios idiomas y forma parte en la actualidad del currículo de los estudios de filología española en distintas universidades europeas.

A pesar de su ausencia voluntaria en todo tipo de concursos, cucañas y premios literarios, sus compañeros de ACETT (Asociación Colegial de Escritores y Traductores, de ámbito estatal) concedieron en 2007 el Premio Stendhal de traducción a su labor. Forma parte entre otras Antologías de la selección “25 poètes d’Espagne”, que reunió a los poetas españoles más significativos de los últimos cincuenta años y se publicó en Francia en 2008 (“Inuits dans la jungle”). Actualmente trabaja y vive entre los acantilados gaditanos, frente al mar de Trafalgar.

 

Miguel Veyrat, bienvenido a LAAAO.COM

R.- Bienhallados, estimados amigos. Me da mucha alegría ser escogido por ustedes para formar parte del espléndido elenco de hombres y mujeres de las artes y las letras entrevistados en LAAAO.COM y su Blog Carivano, muchos de ellos muy conocidos del público y algunos buenos amigos míos. En especial a usted mismo, amigo Carlos Iván Ontiveros a quien sigo y leo desde hace tiempo.

P.-  Miguel Veyrat, nos gustaría que nos hablara un poco sobre usted, su juventud y de aquellos años antes de salir de España. 

R.-  Mi infancia y juventud se vieron marcadas, como la de millones de seres humanos a lo largo de una Historia que se repite en nuestros días en ámbito global —y no precisamente “como comedia” como ironizaba Carlos Marx—, por las consecuencias de una guerra civil. Nací en 1938 en la ciudad de Valencia bajo las bombas de la aviación fascista italiana que, como la Luftwaffe de Hitler, ayudaba Franco a ganar la que sería considerada más adelante por los historiadores como primera batalla de la II Guerra Mundial. Una guerra fratricida nadie la gana pues la pierden todos, mas padecen sus consecuencias en primer lugar los niños obligados a ser educados en la ideología del vencedor, que aún no sabe que su triunfo y el de sus ideas siempre será provisional. La ideología totalitaria que se intentó inculcar a varias generaciones de españoles contó con la inestimable ayuda de un clero tan fanatizado como en la Edad Media —paseaba al dictador en procesión bajo palio— hasta el punto de que a aquél régimen militar se lo llamó “nacional-católico”. Muchos de los niños y adolescentes sometidos a ese trato se convirtieron en dóciles corderos. Otros, los menos, no. Me encontré por cuestión de carácter entre “estos otros”, carne de marginación.

 P.-  Coméntenos cómo se da ese primer contacto con la escritura ¿Desde niño ya pensaba usted en ser escritor? ¿Sobre qué escribía?

 R.-  La respuesta debe estar necesariamente conectada con la anterior. Ante la ausencia de maestros, asesinados ritual y sistemáticamente por los falangistas que seguían a las tropas de Franco tras la “conquista” de pueblos y ciudades, fue la SICR la que tomó la tarea de “educar” a niños y adolescentes. Yo pasé largos años en un internado de frailes en una ciudad del país vasco especialmente obscurantista. Lo insoportable de aquella vida a ritmo de actos religiosos y obligatorios intenté suplirlo con horas de lectura, llamémosla “laica”, entre lo poco que podía hallarse en la biblioteca del colegio en la que lógicamente se encontraban excluidos los poetas “extranjeros” considerados como peligrosos además de, por supuesto, los españoles más recientes, ya desaparecidos o asesinados, clandestinos o residentes en sus exilios de acogida fundamentalmente en Argentina y sobre todo en México, gracias a la labor solidaria del entonces gobernador del Estado de Puebla y después Presidente Cárdenas. Sin embargo, sí que pude beber para mi fortuna y directamente de los clásicos.

Mi primera labor de escritura consistió pues durante los largos días de invierno en copiar “religiosamente” a todos aquellos poetas universales que desde la civilización griega hablaba de civilización en democracia y libertad, hablaban de amor de cualquier clase y condición sin que la “censura” se preocupara por ellos. Ellos me enseñaron a pensar y así fui creando “anti-cuerpos” hasta que me atreví a redactar mis primeras “pruebas de escritura” literaria.  Siempre acerca de las personas y las cosas entre las que me había tocado convivir en escenarios donde dejaba volar mi imaginación desbordada por las ansias de salir del encierro. Sin embargo, como ya es conocido, tras una primera recopilación de poemas publicada a mis veinte años pero de título significativo, “Coplas del Vagabundo”, retrasé la salida de lo que podría considerarse mi primer libro hasta veinte años más tarde, convencido de que sólo la experiencia y el estudio podía dotar de contenidos de peso a mi obra, más allá de toda inspiración inmediata.

Por supuesto que intenté destruir cuantos ejemplares pude encontrar al cabo del tiempo de aquella primera prueba… Desde entonces he seguido siempre el lema hallado en mi temprana lectura de las epístolas de Horacio: Cur si ego ignoroque, poeta salutor? o bien ¿Cómo ignorante de mí, me atrevo a llamarme poeta?

P.-  Usted fue corresponsal de prensa en París, Ginebra, Rabat, Argel, Roma, Londres y vivo en Francia, Inglaterra, Italia. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos años? ¿Extrañaba vivir en España?

 R.-  De aquella España no podía guardar sino malos recuerdos, exceptuando las vacaciones de verano que se extendían a tres meses por entonces en el idílico pueblo de mi abuela catalana en pleno pirineo y a dos pasos de la frontera francesa. Vivir después en aquella Europa en plena reconstrucción tras el desastre de la guerra —bien es cierto que con la ayuda de los dólares americanos de un plan Marshall que por razones obvias se denegó a la España fascista— suponía una bocanada de aire fresco para un joven periodista con aspiraciones de escritor y ansioso de respirar y aprender de las libertades y virtudes de la Ilustración (otra oportunidad histórica perdida para mi país gracias al rey felón Fernando VII y la falsamente llamada “guerra de la Independencia”). El trabajo de corresponsal me permitió ahondar en la sociedad de aquellos países —casi “de acogida” me permitiría decir—, en sus costumbres y sus leyes, su historia de la que formaba parte el mío aunque temporalmente excluído de la aún balbuceante comunidad política, económica y social, y también abordar después con cierta solvencia la problemática de los países de otras civilizaciones. A entender mejor la diversidad humana en sus modos de vivir y organizarse.

 P.-  Trabajó usted en zonas de conflicto donde desarrolla una actividad periodística que le permitió vivir en primera persona sucesos tan importantes que van desde las primeras guerras de Israel, con el general Dayan al frente, o las batallas cruciales en Vietnam, el terremoto de Agadir, la muerte del Che en la selva boliviana, el Concilio Vaticano II, la Coronación del Shah de Persia con su flamante Farah Dibah al lado, tras el repudio de la popular Soraya, entre otras. ¿Cómo influyo en su obra? ¿Alguna diferencia entre aquellos conflictivos tiempos y los actuales? ¿Qué no hemos aprendido?

 R.-  Mi actividad de reportero internacional en zonas de conficto, previa a la más tranquila y reflexiva de corresponsal permanente o diplomático, revolucionó por entero muchas de mis ideas preconcebidas acerca de la Humanidad. Tocar la sangre con las propias manos, sentir junto a las poblaciones el miedo a las bombas y sus efectos, ver a la muerte inmisericorde segar vidas inocentes, respirar su olor, el de la traición o la hipocresía política y militante, trastorna el espíritu más sereno; y el mío ya no tenía nada de eso en origen. Yo aprendí sin embargo a contener mis emociones colocando al servicio de la objetividad periodística —dentro lo posible— todo aquello que veía y de lo que tomaba nota para redactar mis crónicas y reportajes. Lo que podía sentir personalmente pasó a formar parte de mi patrimonio literario; la construcción de un mundo propio que cuajaría en mi obra poética actual nace por tanto de todas aquellas experiencias unidas a las ya relatadas de mi infancia y adolescencia. No veo ninguna diferencia con los tiempos actuales en cuanto a la violencia intolerante ejercida sobre la libertad de pensamiento; no hemos quizá aprendido que toda supuesta “realidad” no es tal como parece; nunca lo ha sido, pues la  Historia la han escrito siempre los amanuenses de los vencedores, pero la percepción de lo real objetivo se agrava en nuestro tiempo en que la labor informativa de los medios contemporáneos ha degenerado hasta el punto de que lo que podíamos llamar libertad de prensa —que debía asegurar la probidad de la información y opinión—, se ha convertido en propaganda pura y dura. Ello se debe a mi entender a la desaparición de auténticos empresarios periodísticos y la entrada masiva de las grandes corporaciones bancarias “mundializando” sus propios intereses en los medios tanto impresos como digitales, los audiovisuales o las recientes redes sociales siempre a través de empresas auxiliares al servicio del mejor postor.

 P.-  Participa usted en Informativos nacionales e internacionales, medios escritos y visuales entre los cuales debo destacar Documentos TV el cual sin duda es una referencia en España y a nivel internacional ¿Cómo nace esta idea y que significo para usted la realización de este programa?

R.-  “In illo tempore”… trabajé en RTVE como responsable de los programas informativos “no diarios”. Entre mis tareas debía asistir a los Festivales de cine documental, que son muchos y abundantes en todo el mundo. Comencé por rechazar todos aquellos que suponían una visión edulcorada o falseada de los hechos, como por ejemplo las teatralizaciones insertadas en el relato que permitían, mediante diálogos y escenas ficticios, adaptar lo realmente acontecido a la intención de los productores. Así, en relación con mis colaboradores y unos directivos determinados por la alternancia de los partidos en el control del Ente Público, elaboré la noción de “documento” diferenciada del “documental” al uso. Pocas explicaciones más necesitaría este sencillo hecho que sólo buscaba, como es debido en todo trabajo honesto de documentación e información, suministrar a los ciudadanos los elementos probados y suficientes para formarse una opinión propia. El programa significó para mi recuperar una de las tareas que en los años ’60 ilusionó a una parte de la izquierda europea: el uso de la televisión para contribuir a una mejor educación de masas. En un medio público esa debería ser a mi juicio la primera y elemental tarea, mas por desgracia la corrupción ha alcanzado todas las esferas de lo público permitiendo que la publicidad más agresiva penetrase sus espacios más libres. Subsiste este programa acaso como una pequeña joya en el aluvión de basura de consumo masivo. Lo supongo sólo, porque hace tiempo que he apartado los medios audiovisuales de mi vida cotidiana. Sólo leo, escribo literatura y me informo selectivamente a través de los diarios y revistas impresos o virtuales.

P.-  Miguel Veyrat, usted ha publicado más de una treintena de libros de poesía, narrativa, periodismo y ensayo, como docente, conferenciante y fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información de España, en la Universidad Complutense de Madrid.  En el año 2007 recibió el Premio internacional Stendhal de traducción. Nos deja usted un legado invaluable ¿Qué significa todo esto para usted?

R.-  El fondo previo y preciso para abordar con solvencia lo que queda de una vida dedicada ya por entero a la escritura de poesía y ensayo. Y en ese empeño final empleo a fondo todas mis fuerzas. Queda también inesperada y enorme satisfacción de que compañeros en el mundo de la información como ustedes ahora mismo, como dije al inciarse esta entrevista valoren mi trabajo como un legado digno de valorarse.

 P.-  «La Ragione del Merlo» es una de sus obras más representativas. Myriam Iturra Ampuero publica un extenso e interesante trabajo sobre la obra poética de Miguel Veyrat (Recopilatorio preparado para el Encuentro con Commisso Editore en Valparaíso Chile octubre 2014, Feria del libro de Viña del Mar 2015) y publicado en la revista Universo la Maga. Coméntenos un poco sobre esta obra.

 R.-  Por supuesto que agradezco primeramente a la estupenda documentalista Myriam Iturra Ampuero su dedicación y empeño por recopilar, analizar y difundir mi obra. Escribí ese libro, que para mi sorpresa ha resultado uno de los más leídos de entre todos los ya publicados, tras un período desgraciado en mis asuntos personales. Lo hice tras terminar a duras penas otro libro de los que me siento más orgulloso, “Instrucciones para amanecer”. Me explico: esa debía haber sido la última poesía nacida de mi mente.  A punto de terminar con todo, un encuentro inesperado acompañado de nuevas ilusiones por vivir me llevó a agregar a aquel libro que debía permanecer incompleto o destruirse, una última parte titulada “Al maestro cantor: Instrucciones para amanecer” al modo de los viejos salmistas. Al amanecer de esa nueva vida y en un lugar geográfico distinto y distante a los escenarios donde me había movido hasta entonces, a la par que mucho más hermoso y grato, recomencé a escribir poesía.

El jardín marino de la casa donde vivía y vivo actualmente, sobre un acantilado de la costa gaditana y frente a las costas africanas, abundaba en aves de esa especie tan “especial”, valiente y bella en su plumaje y actitudes, que es el mirlo. Su canto de apareo en primavera, lanzado al presentir la llegada de los primeros claros del alba, es uno de los más hermosos de la naturaleza que inspiró por cierto a otros poetas y al compositor Messiaën uno de los pasajes más hermosos de su “Barranco de los pájaros”. No olvidemos que nuestras artes son hijas de la música hecha palabra. En esa asociación del canto por encima del individuo y de  la muerte de la especie, apoyada en unos versos inmortales del gran poeta español Luis Cernuda —cuyos restos permanecen, al igual que en Collioure los de Antonio Machado, en una tumba de su exilio mexicano— nació esa “Razón del mirlo”; esa sinrazón de los poetas alimentada a lo largo de los siglos desde que se entonara musicalmente el primer grito de amor o de angustia de un ser humano —que sí posee conciencia de la muerte personal y cuyo temor resulta a menudo incapaz de superarse siquiera con el consuelo del canto. Déjeme reproducir las significtivas palabras de Luis Cernuda escritas en las páginas de “Ocnos” y que coloqué como epígrafe imprescindible abriendo mis propios versos: …¿qué puede importarle al mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana.

 Razón del Mirlo de Miguel Veyrat. Un vídeo de Juan Bote Valero. YouTube

P.-  ¿Qué es lo más difícil de escribir?

R.-  La poesía. Muchos son quienes intentan hacer poesía verdadera y se pierden por vericuetos emocionales de superficie. Poesía no es otra cosa que una vía al Conocimiento, la primera disposición de la mente humana que cuando se expresa en palabras —que evocan sonidos primordiales y en tal eco recuperado reside toda su esencia— crea pensamiento, y al unirse con la música da lugar  al canto. Es por tanto la fuente de la sabiduría humana y de toda literatura. Es el género de géneros y la propia palabra griega que la designa como “Poiesis” significa nada menos que “creación”.

P.-  ¿Algún libro o escritor favorito?

R.-  La lista sería interminable pero le brindo la respuesta que en un atrevido resumen acabo de realizar para el profesor de literatura de una universidad española que me ha planteado el ya famoso “Cuestionario Proust”, célebre no sólo por su más ilustre encuestado sino por la exigencia de brevedad en la síntesis de las respuestas. He escogido aquellos cuya escritura considero que ha podido influir de modo mayor en la mía: “Joyce y Proust, cada uno en su estilo. Horacio en sus epístolas, Cervantes en su limpia e irónica escritura de la época (detesto las pedantescas “actualizaciones” que privan a los jóvenes lectores del aprendizaje de la etimología y por tanto de su propia lengua en la lectura de las notas a pie de página). En cuando a los poetas desde el autor de Gilgamesch, Alceo, Homero, Horacio, Virgilio, Góngora, Shakespeare, Leopardi; entre los simbolistas franceses y los autores del novecento italiano —los llamados “herméticos”— prácticamente todos; Hölderlin, entre los contemporáneos junto a Rilke, T.S. Eliot, JRJ, César Vallejo, Luis Cernuda, Wallace Stevens.

P.-  ¿Pueden las  artes y en especial la literatura cambiar al mundo?

R.-  Si no cambiarlo, al menos tratar de conocerlo y transmitir ese conocimiento como he tratado de decir hasta ahora para hacerlo más habitable. La nueva realidad que los verdaderos “creadores” puedan presentar del mundo constituye un elemento imprescindible de reflexión a lo largo de todas las edades, en una cadena que sólo tendrá fin cuando se extinga nuestra especie. No creo en la poesía programática, épica y/o profética, que intenta literalmente un cambio en el modo de actuar y pensar de las gentes. Sin embargo en determinados momentos históricos el hombre ha producido una intensa y valiosa poesía de combate cuando la propia civilización oscilaba en el juego trágico de su supervivencia.

P.-  ¿Para Miguel Veyrat ¿Qué representa lo espiritual?

R.-  El término “lo espiritual”, aplicado a tan distintas y a menudo espúreas acepciones al confundirlo principalmente con la llamada “alma” inventada por Platón y que tanto éxito ha cosechado entre los seguidores de las religiones monoteístas al calificarla de “inmortal” y atribuírle funciones de “salvación” o “condenación” eterna de los individuos, en función de una fe determinada, sólo representa para mí aquello que Bergson definió como “Élan vital”. Es decir, la energía o impulso elemental y mental que nos lleva a percibir, decidir y ejecutar las más diversas acciones, llámense éstas “espirituales” —en puridad mentales o de pensamiento— o simplemente sociales, humanitarias. Así lo entendió el inolvidable Antonio Machado, quien dejaría constancia del pensamiento que Bergson le transmitió al asistir a sus clases en Sorbona en compañía de Leonor, su trágica Leonor por cuya súbita enfermedad declarada durante su estancia en París se vieron obligados a regresar a Soria solamente para morir en los brazos del poeta. Deja constancia don Antonio de su especial sentimiento de lo espiritual en toda su poesía posterior y en especial en sus altísimos ensayos sobre pensamiento poético y poesía “Abel Martín” y “Cancionero apócrifo de Juan de Mairena”. Valgan estos pocos versos para significar la idea que expuse al principio: Caminante, no hay camino./ Camino se hacer al andar. En realidad creo firmemente que lo espiritual reside en lo que convenido en llamar conciencia. Y sé que también Novalis y sus compañeros “iluministas”, por ejemplo, estarían de acuerdo conmigo.

P.-  Miguel Veyrat, como sabe Internet  se ha convertido en el medio de comunicación más importante en el mundo. Redes sociales como Facebook, Blogger, Word Express entre otras, permite a los creadores una gran proyección y exposición de su trabajo. ¿Cómo ha sido su experiencia?

R.-  Extraordinariamente positiva. Regresaré por un momento al pasado si me lo permiten. A pesar de mi dedicación profesional en exclusiva al periodismo hasta mi jubilación laboral forzosa, siempre escribí poesía. Y la publiqué con cierta fortuna y aprecio de los críticos académicos y reseñistas fortuitos de periódicos. Nunca me faltó editor para mis libros. Sin embargo, mi gran salto adelante en la escritura poética sucede cuando para superar unos años difíciles producidos por esa misma expectativa de fin de época como informador, decido no dejarme atravesar por la saeta de la melancolía y superar la súbita soledad dedicándome por entero a leer aquello que no había podido leer en el pasado y esforzarme en alcanzar una serie de objetivos a través de la filosofía y la poesía.

Creo sinceramente que he logrado poner en pie una obra de cierta solidez y belleza, por la que muestran constantemente su agrado los lectores. Tan especiales, exigentes y diversificados en sus gustos… los lectores de poesía, que podríamos calificarlos también como poetas “que no escriben”. Quiero añadir que gracias a una voz propia largamente buscada y a costa de una insobornable independencia cara las distintas agrupaciones de poetas profesionales (también llamadas “corrientes” como en partidos políticos) dedicados a hacer “carrera de poeta” medrando e imitándose los unos a los otros en busca del apoyo y el premio de los poderes públicos. Y ya no estaría tanto en juego la aceptación por los lectores o espectadores contemporáneos del artista independiente, sino su mero acceso a ellos. Deducimos por tanto que el único “mecenas” contemporáneo debe ser siempre el lector de literatura o el espectador de las obras de expresión visual (detesto la palabra “consumidor” aplicada a las artes y las letras).

En fin… terminaré ya toda esta larga introducción por la que pido excusas para confirmar que las redes sociales me han proporcionado un nuevo tipo de lectores que expresan sus preferencias de modo directo en plena libertad, sin mediatizaciones interesadas. Mi experiencia en ese sentido, sobre todo en mi medio preferido que es Facebook, ha sido muy positiva y satisfactoria. En la red he encontrado entrañables amigos, lectores y editores de mis nuevos libros a quienes agradezco de todo corazón su amistad incondicional. Claro que esto exige un esfuerzo cotidiano que aprecian quienes me leen: cada día publico y comento un poema mío o de otro poeta de mi estima, lo que me convierte en cierto modo en mi propio editor y… jefe de relaciones públicas, jajajaja! ¿Que también existen insidias y pequeñas traiciones entre los que se autoproclaman amigos en las redes? Claro, somos humanos no virtuales quienes manejamos las teclas, pero existe la posibilidad de evitarlos  escogiéndolos con paciencia y cuidado.

P.-  Cuál es su recomendación para quienes se inician en el mundo de las artes y la literatura

R.-  La literatura es una pasión sin más, y como toda pasión es incontrolable o muy difícil de embridar. Yo diría a esas personas que si les resulta posible vivir sin escribir, no escriban. Evitaríamos así tanto amateurismo indeseable dejando de alimentar la mediocridad publicada. ¿Cómo iniciarse? Abundan hoy en día las llamadas escuelas de escritura, sí; pero las primeras letras las enseñan los maestros de escuela y a escribir literatura en serio sólo se aprende solo y con esfuerzo, siempre a partir de una pasión innata por el pensamiento unido al impulso de las propias emociones. Se inician los escritores, sean jóvenes o tardíos, leyendo sin cesar y con criterios selectivos, escribiendo día y noche, en huida de la facilidad engañosa al desechar incluso restos de varias cribas, hasta configurar un mundo propio que compartir con todos. Ello sucederá cuando la  voz singular y convincente así formada consiga ser escuchada por una mayoría que se identifique con ella al sonar en una nota más alta y armónica entre las demás.Para ellos pues un último consejo, que pueden seguir o no: Guárdense de los puristas, de los falsos maestros y traten siempre de innovar. Huyan siempre de la engañosa “facilidad”. Aunque creo que cada uno debe hallar por sí solo su propio camino y me disgustaría que mis palabras supusieran que me coloco como un ejemplo a seguir.

P.-  Para finalizar, un mensaje para todos sus seguidores a través de las redes sociales.

R.-  I like you.  “Léanme como hoy los leo: sin prejuicio alguno”

Vídeo de Aula de poesía: MIGUEL VEYRAT

LecturasUS- YouTube

 

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Hasta la próxima

Carivano

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