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octubre 30, 2016

El Banquete II

Nadie luce cansado, hay una concentración única. Algunos aprietan, otros ahorcan, solo un puñado recorren con sigilo los ígneos cuerpos de los demás. O te consumen o te largas… no hay otra alternativa. – ¿Qué hiciste? – ¿Yo?, decidí quedarme. Apenas recuerdo cómo desafié mi moral al aceptar la invitación y asistir a tal encuentro, solo Boccaccio podría describirlo con esa destreza que lo caracteriza, pero esta vez lo haré yo… was magic, il était exquise, foi grotescco, era sadico e ineffabile… ese último es el término, inefable, oh bueno, inefablemente esperpéntico. Solo una cosa no había, era el receso, los traseros se alternaban entre todos, el de mi amigo Kilian, se adentró en cerca de veinte. Kilian tuvo sexo como nunca, liberó sus peores fantasmas, cifró en su profética memoria los polvos que se dio y los que aún, hoy nota, no se han extinguido.

Una lengua ladea mi pecho, lame con prontitud mis pezones y desciende presurosa por la línea prominente que separa mi pecho, siento ímpetu en la saliva de aquel hombre, embotamiento entre mis huesos que se calan con un calor vehemente. Siento al cosmos en mi glande, sí, me siento el mejor de los panteístas, sin embargo, comienzo a perder contacto con mi ano, debe estar desgarrado, llevo mucho tiempo sentado sobre una verga, apenas puedo moverme para probar otra y evidenciar una nueva textura, un color diferente, otro tipo de punta, algún… ¡Auch!, acabo de cortarme un pedazo de piel para secarme las lágrimas: el Eros por el todo. Comienzo a divagar por el lugar, ya no hay ruido siquiera, solo veo ceros en las bocas: el grito que se hace en silencio es el suicidio de las palabras. Diviso jóvenes lampiños; tipos altos, velludos, maduros; algunos macizos, hasta extranjeros los hay, – ¡Fuck me hardly!- recuerdo que me susurraba uno al oído mientras le introducía mi aceitoso obelisco por las paredes de su esponjoso arco del triunfo. Mi calma ha sido hurtada por los ojos impacientes de algunos que me hacen señas como queriéndome tener entre sus vergas. Las luces se encienden y enceguecen esas miradas. Me siento como una Venus moderna, recuerdo estar recostado en un cómodo Chesterfield, acariciando el aire contenido en muchos sexos, unos más grandes y con mejor movilidad que otros. El fin de todo acto sexual no es el éxtasis simple sino el orgasmo complejo. Aquellos hombres aniquilaron mi ser sexual, mi yo erógeno. Pasadas unas horas, las conchas de todos se proponen a cerrarse con liviano esfuerzo para poner nuevamente a salvo sus perlas.

El festín concluye. – ¿Acaba aquí?- Bueno, solo parcialmente. Siete hombres con blancas y húmedas camisas descienden por unas espirales y barrocas escaleras; de lienzo son sus pantalones y todo lo demás que llevan puesto. Sus manos desnudas sostienen opulentas bandejas. Recuerdo las piernas de aquellos tipos, se desplazaban con tal precisión por las escaleras, parecían formar un solo hombre… Siete vergas, un solo tipo; siete péndulos de carne circuncidada.

Todos en la mesa, un buen vino, un añejo Talbot de Saint Julien, extraído directamente de los campos de Burdeaux. Mmmm… a parte de las vergas que saboreé, aún siento el sabor escarlata que acompañó nuestro encuentro. No hay pan, cero uvas; solo hay carne fresca y seca, todavía con vestigios de vapor (esta vez no me estoy refiriendo a los invitados). Apenas me distraigo y ya a mi lado hay un sujeto que vierte vino sobre el cuerpo de otro, parece haber descubierto el auténtico sabor de un hombre y, como finos hilos y magros ríos, se comienza a dispersar el líquido por las regiones más transparentes de aquel cuerpo. Una lengua sigue el recorrido y realiza varias paradas, entre ellas, la estación obelisco, parece que hubiera problemas en la vía: el tren se detiene allí por más de un cuarto de hora. Ambos hombres solo pueden respirar, parecía como si la mirada fulgurosa y excitante del uno le proporcionara aire a los pulmones del otro. Me tomó tiempo descubrirlo, pero creo que la vida de un falo, es sinuosa, es un círculo que se traza en el transcurso de una noche alrededor de un orgasmo.

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Eros

Eros

Magíster en Literatura “¡Sépanlo todos! Cada hombre mata lo que ama: unos, con mirada cruel; otros, con palabras amorosas; el cobarde, con un beso, y el valiente, con la espada”. O. Wilde

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